Relato ficticio.
Mis iniciales son ZBM y soy una de las sumisas de mi amo, Vicente.
Quiero relataros los pensamientos que he tenido, la última hora y media que he pasado con mi amo.
No aguanto más, el dolor que me provocan las pinzas en los pezones. ¿Cuándo vendrá mi amo a quitármelas?
Ni puedo ver, ni oír; el antifaz está bien ajustado y por los auriculares solo oigo música continuamente. Lo que sí noto, son pequeñas corrientes de aire sobre mi desnudo cuerpo. Podría ser mi amo, u otra gente, que él haya traído.
Por favor, que me quiten las pinzas. Pero no puedo pedirlo; mi amo, Vicente, me ha prohibido hablar. No quiero enfadarle; si lo hago, me azotará las nalgas. Y solo quiero, que me las azote, por su placer; no, como castigo. Y además, sus tiernas manos, le dolerán por mi culpa; si me azota el culo. No quiero eso.
Alguien me ha escupido en la cara. Ha sido Vicente, reconozco su olor, huelo el aroma de su brandy entre la saliva que me recorre la cara.
¿Habrá estado, sentado en el sillón que hay delante de mí?
¿Recreándose en la visión de mi cuerpo? Viendo como el dolor de las pinzas me hacen encorvarme poco a poco. Me gustaría que fuera así. Que disfrute de mi cuerpo como él crea conveniente.
El dolor de mis pezones se ha irradiado hasta mi espalda; en la columna vertebral siento el mordisco de las pinzas en mis pezones.
Tengo la boca seca. No sé el tiempo, que llevo atada de pies y manos en forma de cruz. Noto una vibración en la espalda, han cerrado la puerta de la calle. ¿Se habrá ido él? o ¿habrá llegado alguien? Agudizo el oído, pero ningún sonido, sobresale por encima de la música de los auriculares.
Alguien a tocado una de las pinzas, se agudiza el dolor.
Me quita las dos pinzas; y al hacerlo, el dolor se incrementa. Me lame los pezones; se mezcla el dolor y el placer. Cuanto le gusta llevarme a esta situación a mi amo. Y a mí, me encanta. Que gusto me está dando mi amo en las tetas. Mis senos se están endureciendo, elevándose, buscando esa lengua, que tanto nos gusta.
Saco mi lengua para lamerle la frente a mi amo. Me da un bofetón, por mi impaciencia. Él marca el ritmo; yo, a disfrutarlo o a padecerlo.
Vuelvo a notar su olor, su respirar sobre mi cara. No le veo, no le oigo. Pero sé, que él, está ahí; a un palmo de mi cara; ¿porqué no se acerca más? Béseme, escúpame o pégueme, pero hágame algo, por favor, amo.
Mi corazón va muy rápido por la excitación. De mi coño, chorroso, han salido abundantes flujos que ya llegan a una de mis piernas.
Vicente. Amo; tóqueme, roce mi piel y me sentiré la mujer más dichosa del orbe. La punta de uno de sus dedos, me transforma cuando me toca, y me hace sentir mujer, mujer amada, querida, deseada. Aquí tienes a tu puta; pide y se te dará sin explicaciones.
Está soplando a mi cara; sonrío y abro la boca. Quiero más, amo. Sabe que desde que me dio el primer azote en el culo, y después me acarició; soy suya en cuerpo y alma.
Me toca la vulva, siento un dedo apartar mis labios mayores. Quiero gritar, pero sé que no debo; me muerdo el labio. Lloro, no sé si de dolor o de alegría. Siga amo; entre en mí.
Roza mi clítoris, y lo abandona, para introducirse en mi vagina, en su coño. Pero amo, un dedo es poco, métame la polla por favor, use a esta puta como guste.
Su otra mano la pone en mi nuca; acaricia mi cuello, y yo, ronroneo como gatita en celo. Su lengua recorre mis labios, despacio, muy despacio. Y me la mete en la boca; gracias, amo. Mi lengua cobra vida propia, envuelve a la de él, la abraza, la acaricia.
Que caliente que estoy. Y su dedo, sigue en mi coño, entrando y saliendo, también muy despacio. Su polla, amo. La necesito.
Yo vivo en la quinta planta de este edificio. Pero al final de la escalera, en la sexta planta, vive mi amor, mi amo. Él me llama, desde su piso, golpeando su suelo. Cuando lo oigo, subo enseguida, con alegría, deseosa de verle y ponerme a sus pies.
Ha sacado su lengua y su dedo. Mi cuerpo a quedado vacío de él. Me desata las manos y hace fuerza en mis hombros para que baje, me pongo de rodillas e instintivamente abro la boca. Me quita los auriculares; ¿quizás quiera hablarme? Pero no oigo nada; mi amo no me dice nada y eso es un gran tormento ¿Porqué? Debo ser más buena con él, más obediente, no soporto su indiferencia. Quiero. Necesito que esté encima de mí, siempre.
Lo presiento cerca, su olor me causa una quemazón en la entrepierna. Oigo justo delante de mí, el ruido de una cremallera. Ojalá sea lo que pienso. Mi amo se saca la polla para mí. La boca se me hace agua, por la proximidad del manjar. Algo me ha rozado los labios ¿Dónde está?
¿Dónde está? Amo. Los segundos pasan. Nada. Me desespero, él tiene que estar notándolo, me conoce perfectamente. Ha apoyado su verga en medio de mi frente. Se divierte con mi desesperación.
Sé, que no debo mover la cabeza; si lo hago, se acabará el juego y recibiré unos azotes. Bajándome a mi casa, sin el premio esperado. Pero ¿quién puede estarse quieta? Va bajando el glande por encima del antifaz, llega al borde de mi boca y para. Mi coño ya no puede estar más mojado. Mi amo aprieta su polla contra mi mejilla. La mueve hacia mi boca e introduce su capullo. Por fin puedo lamer ese glande que me fascina; lo retengo con mis labios, es suave, es mío.
La mete más profundamente; sigo lamiéndola, disfrutando de ella. Mi amo, la mueve muy despacio dentro de mí.
Muévela más rápido, amo. Nunca he tragado el semen de nadie, pero el suyo dejaré que resbale por mi garganta. Pero, déjeme hablarle, pedírselo, suplicárselo, amo, Vicente.
Su polla ha dejado de moverse dentro de mí boca; espero quieta, y lentamente voy moviendo la cabeza. Sé que lo tengo prohibido, pero me arriesgo, sabiendo que te estoy desobedeciendo. No me abofeteas, sigo mamándotela; cada vez con un recorrido más largo, más a mi gusto. Ya la saco casi toda, y me la meto todo lo que cabe. Una y otra vez, esto es mi felicidad, darte mil mamadas y tenerla en mi boca horas y horas.
Me gusta tu polla, tanto cuando está bien dura; como cuando está blandita después de haberte corrido. La quiero siempre en mi boca, esté como esté.
Si yo supiera tus pensamientos, tus expectativas; serían mi mayor ansia el que las consiguieras.
Noto su polla vibrar, y lamo su capullo con fruición, con deleite. Sé que no se correrá todavía, lo intuyo, lo sé. Mi amo, mi amor, Vicente.
Sacas tu polla de mi boca; y empujándome levemente hacia adelante, me pongo a cuatro patas. Sí, amo. Fóllame el culo.
Lo sabía, yo también le conozco. Sé que gustas de comprobar, si mi novio me ha abierto el ano últimamente. Si lo nota distendido, me azotará. Pero lo va a encontrar cerradito. Mi ano es suyo, desde que lo reclamó para si. Noto la punta de su polla en mi ano; aprieta sin mojarlo previamente. Me duele, pero siga, amo. Entra tu glande y sudo. Tengo calor y frío a la vez.
Me coge el pelo y estira de él; giro mi cabeza sin verle. Tira más de mi pelo y abro la boca por el dolor, mete su lengua en mi boca. Con ese hecho, calma todos mis dolores; nos besamos con pasión, como si fuera nuestro último beso. Le amo, me derrito toda, pídame una estrella y volare a traérsela; o moriré feliz en el intento.
Aprieta y entra la mitad de tu verga, de mi polla. Empujo hacía atrás y entra toda, no podía esperar más. Es mía, toda mía. Mañana, Dios dirá. Pero ahora, ES MÍA. Me recreo en el invasor de mi ano, en su dureza, en sus caricias en mi espalda. O en ese azote cariñoso que me ha dado en la nalga, que sé que es de complicidad.
Ayer me dio su leche en la boca. Hoy, sé, que toca inundar mi culo. Empieza el bombeo, sus penetraciones lentas que me vuelven loca. Largas, desesperantes por que yo quisiera que me reventara el culo, ya, a pollazos. Pero usted va lento, pausado, sabiendo que me desespera con su tranquilidad.
La saca toda, espera; y para mí el mundo se detiene. La vuelve a meter hasta el fondo. ¿Qué no me quiere? ¿He hecho algo mal? Por que me maltrata de esta forma tan cruel. Por fin, acelera sus embestidas sobre mí. Solo el sonido de su pelvis contra mis nalgas se oye en la habitación. Me quita el antifaz de un tirón; la luz me molesta. Pero soy feliz, por que cuando me gire le veré. Mi amo, mi amor.
No tengo necesidad de tocarme el coño, el placer me llega del ano, que usted me perfora. Fuerte, dele fuerte. Déjeme hablarle, amo. Mis jadeos son mi idioma, pero quiero decirle más cosas, que le amo, que huelo su aroma en el ascensor y me mojo toda. Tengo el culo ardiendo, el placer me invade, pero quiero aguantar. Sé, que está esperando a que yo me corra; y cuando lo haga, usted estará liberado para buscar su placer y todo acabará.
No puedo controlar mi excitación, me doblo toda, la mente se me ilumina de luces sicodélicas. Tengo frío y calor a la vez. Mi corazón se va a salir del pecho y me falta el aire. AMO, ......................................... me corro.
No sé el tiempo que ha pasado, unos segundos, o quizás minutos. La polla de mi amo sigue dentro de mi culo y me embiste con desesperación. Una y otra vez; una y otra vez. Vicente me coge fuerte de las caderas y aprieta para incrustarse dentro de mi intestino. Grita, mi amo, su corrida, las palabras más bellas que podré oír. Y una oleada de calor, inunda mi ano, su leche está en mí; que más puedo pedir.
Mi amo se deja caer sobre mi espalda, despacio, con delicadeza; pero demostrándome su agotamiento. Su agitada respiración en mi nuca, podría desencadenarme otro orgasmo; su sudor se mezcla con el mío. Me besa en el cuello.
Mi amo.- Princesa, eres un sol.
Y me vuelve a besar, adonde llega con sus labios. Me derrito. Este placer más controlado me llega más al alma, que al cuerpo. Mi amo, me quiere; me he portado bien con él. He sido su perrita buena. Esta noche dormiré relajada, por que he hecho feliz a mi amo. Espero que mañana, también.
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Gracias.
domingo, 24 de mayo de 2009
domingo, 17 de mayo de 2009
Dominación, ángeles o demonios 1
Capítulo I, abajo.
Que oscuro está esto, no veo casi nada; y a ver si abren alguna ventana, que hace un calor del demonio. Huele a huevos podridos o azufre o algo peor, no sé. Una luz rojiza al fondo.
Bañado por la débil luz, empiezo a reconocer el entorno donde me encuentro. Una sala muy alta y al fondo hay un grupo de gente escandalosa. Cuando me acerco, me sorprende su aspecto. ¡¡Son demonios!!; piel rojiza, cortos cuernos, van desnudos y con rabo. Me causa risa.
Yo.- Coño, entonces, ¿estoy muerto?
Mis palabras son oídas por una diablesa, que por cierto está muy buena, y a grandes saltos se me acerca con cara de mala hostia.
Diablesa.- Perro de mierda, ve a la fila y no te escondas por los rincones.
Con el tridente me golpea, y me produce un corte en el brazo, del que empieza a manar sangre. Y además, me duele. Se ríe a carcajadas, la mala puta, al ver mi sorpresa por el corte. Con una larga lengua bífida se relame los labios.
Diablesa.- Soy la favorita de Lucifer y mi amo no permite retrasos en la admisión. Ve a la fila te he dicho.
Veo como su tridente se me aproxima a gran velocidad; lo esquivo y le meto un puñetazo en los morros que la lanza de espaldas. Antes de que se recupere le doy dos patadas en el estómago, y como gritaba, le doy otra en la cara. Queda inconsciente.
La cojo del rabo, y arrastrándola, la llevo hacia un rincón poco visible desde la gran sala. Entonces me di cuenta, que yo también tenía la piel roja y un hermoso rabo encima del culo.
Diablesa.- (Recuperándose) Voy a llamar a mi amo Lucifer y te va a hacer a pedacit...
Le pegué otra patada en las costillas; calló.
Yo.- Cuando te dirijas a mí, me llamarás como “Señor” o “Amo”; ¿Lo entiendes puta?
Diablesa.- Y una mierd...
Empecé a darle patadas, hasta que me dolieron los pies.
Yo.- Tú sígueme hablando así, que te voy a arreglar el cuerpo. ¿Quién soy yo?
Diablesa.- Amo.
Yo.- Muy bien, puta de Lucifer y esclava mía. ¿A dónde lleváis a los de la fila de ahí fuera?
Diablesa.- A sus diferentes tormentos.
Le puse el pie en el cuello.
Diablesa.- No amo, no me pegue más, se lo suplico.
Yo.- Lámeme los pies, guarra de mierda.
La larga y bífida lengua de la diablesa me recorría los pies con suavidad.
Yo.- Ponte a cuatro patas, puta.
La diablesa se levantó como pudo y se puso como le pedí. Me sitúe detrás de ella y su rabo me molestaba. Le apunté mi polla a su coño y apreté. Entró la mitad, la diablesa grito y yo casi también. Que seco y cerrado está este chocho; me ha dolido. Le azoté el culo.
Yo.- Mala puta, ¿desde cuando no te metes algo en tu sucio coño?
Diablesa.- Hace una semana que Lucifer no visita mis habitaciones.
La mierda del rabo, de la tía esta, me está jodiéndo; ¿dónde pongo este rabo para que no me moleste? Lo mordí y lo sujeté con la boca. Otro empujón y entró toda, otro grito de la puta cornuda.
Yo.- Cállate ya, que ya la he metido toda. ¿Porqué coño gritas?
Diablesa.- Tiene muy gorda la polla, amo.
Inicié las penetraciones lentamente pero con decisión. La sacaba casi toda y la volvía a meter, hasta topar con su culo. Al poco tiempo advertí, que su coño iba humedeciéndose; ya entraba y salía mucho mejor. La guarra esta, empezó a mover su culo para buscar su placer, ya sudaba intensamente por todo su cuerpo; yo, también. Los primeros jadeos de la diablesa se oían débilmente.
Yo.- ¿Te gusta mala puta?
Diablesa.- Sí, amo. Me gusta su polla en mi coño; me abre toda.
Le di dos azotes.
Diablesa.- Pégueme amo. Me gusta que me azote el culo mientras me folla.
Le saqué la polla y no la metí.
Yo.- ¿Porqué quisiste pincharme con el tridente?
Diablesa.- Estamos en el infierno, amo. Aquí se hace eso constantemente.
Pues tiene razón, pensé. Y se la volví a meter. Sujetándola por las caderas incrementé la frecuencia de las penetraciones. Su rabo, loco por la excitación me golpeaba la cara; volví a morderlo para sujetarlo. Los jadeos de la diablesa se incrementaron en volumen y rapidez. Le azoté el culo nuevamente y quizás por eso, se le iniciaron las contracciones vaginales, que marcaban el principio de su orgasmo. Una corrida muy intensa, que me hizo difícil, seguir manteniendo cogida a la diablesa, por las caderas. Y grito, de manera grave y fuerte. Audible en toda la sala. Poco a poco se relajó; yo seguía con mis penetraciones de forma suave. Un seco ruido en mi cabeza, dolor. Me han golpeado por detrás. Perdí el conocimiento.
Me dolía la cabeza, acerqué una de mis manos al punto traumatizado y choqué en mi frente con algo duro. ¡¡¡Un cuerno!!! Mierda, sigo en el infierno.
Me incorporé como pude y muy mareado vi acercarse a la diablesa. Ahora si que estoy perdido, pensé.
Diablesa.- Túmbese, mi amo. Descanse. Quién le hizo eso, ya ha sido castigado.
Vaya cambio radical, de comportamiento, de la demonia.
Diablesa.- Como favorita de Lucifer tengo grandes privilegios y los he hecho valer para protegerle, amo.
Yo.- ¿Porqué?
Diablesa.- Llevo aquí desde principios del siglo XVII; cuando me quemaron, por bruja, en Francia. Y desde entonces, nadie me había echado un polvo como el suyo, amo.
Yo.- Pues espera a que te la meta por el culete, puta de mierda.
Diablesa.- ¿De verdad que lo hará? amo.
Yo.- No lo dudes. Ya lo tendrías reventado, si no me hubieran dado ese golpe, en la cabeza.
La demonia se acurruco junto a mi y sacando su larga y bífida lengua empezó a lamerme la polla. Le iba a dar un bofetón por chuparme la polla sin mi autorización; pero dado, que tenía mi polla dentro de una boca llena de dientes afilados, lo dejé correr.
Yo.- ¿No hay peligro de que aparezca Lucifer y se enfade?
Diablesa.- No viene a visitarme en semanas. Tranquilo, una de mis sirvientas está vigilando. Ahora quiero que me folles por donde quieras, amo.
Yo.- ¿Tienes cuerdas o cadenas?
Diablesa.- ¿Para qué? Amo.
Le di un bofetón, mi polla ya no estaba en su boca.
Yo.- ¿Tienes cuerdas o cadenas?
La demonia dio un silbido agudo y se abrió la puerta. Entró una mujer menuda de grandes pechos y larga melena rubia.
Diablesa.- Es mi sirvienta y además me da placer en las noches solitarias. Trae cuerda o cadenas, muda asquerosa.
Yo.- Mientras viene, chúpame la polla guarra.
Diablesa.- Como ordene mi amo. Será un placer.
Tan ensimismado me tenía la demonia con su mamada, que no me di cuenta cuando volvió la muda con una cuerda. Alargué la mano hacia la servicial muda y me entregó la cuerda.
Yo.- Puta mamona, deja de chupar que voy a atarte.
Diablesa.- Atarme, ¿para qué?
Bofetón a la mamona; no dije nada, solo la miraba fijamente a los ojos. La demonia agacho la vista. Até cada muñeca de la cornuda, con su respectiva pierna a la altura de la rodilla.
Yo.- Dile a la muda, que me obedezca en todo lo que le pida y que se quede aquí, la necesito para hacerte berrear de gusto.
Diablesa.- Ya lo has oído, muda. Obedécele.
La muda asintió con la cabeza. Cogí a la diablesa y la puse a cuatro patas.
Yo.- Sigue mamando guarra, y levanta el culo. Muda, lámele el ano y métele un dedo.
La muda, apartando el rabo de su señora con delicadeza, saco su lengua y empezó a lamerlo. Por otra parte, la diablesa seguía dándome una mamada fantástica; su lengua se enroscaba en mi polla y me daba un gusto inimaginable. Se la saqué de la boca o me corría.
Yo.- Mala puta (dándole un bofetón) como demonios das unas mamadas tan buenas.
Diablesa.- Como le dije, llevo más de 300 años practicando con Lucifer.
Yo.- Claro, así cualquiera.
Diablesa.- Muda (gritando) mete más dedos, puta.
Yo.- (Bofetón a la diablesa) Aquí, el ritmo de la follada, lo marco yo. Muda, solo un dedo.
Le volví a meter la polla en la boca, para que callara. Le cogí ambos pezones y se los retorcí y apreté tanto como pude. En lugar de gritar, gimió. A esta cornuda le va el sado.
Me levanté y apartando a la muda, metí mi polla en el culo de la diablesa. Un grito al entrar el capullo; otro grito cuando entró la mitad; y cuando entró toda, jadeó la mala puta. Sus esfínteres me apretaban tanto, que me hacían daño en la polla. Un puñetazo en su riñón derecho, y la presión disminuyo. Empecé a sacarla y meterla lentamente.
Yo.- Muda, aguanta la mierda del rabo de esta vieja zorra.
La muda, servicial, obedeció al instante. La atraje hacía mí y le di un morreo. Se sorprendió de que la besara; cuando pasó la sorpresa, me metió su lengua en la boca. La aparté, no me acostumbro a lenguas tan largas y además bífidas, joder.
Me supo mal haberla dejado con la boca abierta. Ya debe ser bastante dura su estancia aquí abajo, como, para que yo la maltrate. Sin dejar de follarme a la diablesa; acaricié la mejilla de la muda y le sonreí. Quizás, era la primera caricia que recibía en muchos años; suspiró, y atrapó mi mano contra su cara. Besó mi mano, sonriéndome a continuación. Un instante, que duró una eternidad.
La diablesa movía su culo buscando su placer; ya que, yo, me había parado. Con la mano que había acariciado a la muda, le di un fuerte azote a la diablesa. Entre grito y jadeo fue lo que salió de la boca de la cornuda. Reinicié las penetraciones al culo de la puta; mientras tanto, la muda apegó sus grandes tetas a mi espalda y me abrazó. Yo metí dos dedos en su mojado coño, me besó la espalda.
La diablesa, ya jadeaba constantemente por mis embestidas en su culo.
Yo.- Muda, azótale el culo a tu señora.
La muda le dio tan débil azote, que su sonido no sobresalió entre los golpes de mi pelvis contra las nalgas de la diablesa.
Yo.- Más fuerte, coño. Así.
Le di tal azote, que resonó en toda la habitación.
Diablesa.- Sí, pégueme, amo; o ordéneselo a la mierda de la muda. Pero azótenme el culo fuerte.
La muda le dio una palmada fuerte y sonora; y al ver mi gesto de aprobación, le dio otra más fuerte. Lucifera se corrió entre gritos y jadeos. Se derrumbó sobre el lecho. Entonces me centré en la muda, mis dedos volvieron a su coño; y en poco más de tres minutos, se corrió mientras le pellizcaba los endurecidos pezones. Su orgasmo fue menos escandaloso que el de su señora; pero para ser muda, emitió buena suerte de sonidos.
Desaté a la diablesa y me tumbé junto a ella, a acariciarla y disfrutar de la relajación tras el orgasmo. Hice señas a la muda, para que se tumbara a mi otro lado. Las dos me besaban; yo las besaba. A mi izquierda, unas tetas medianas casi se me clavan de lo duras que son. A mi derecha, unas grandes tetas se aplastan contra mis costillas. Buena combinación.
Yo.- No me he corrido todavía; quiero que las dos, con vuestras bocas, me maméis la polla hasta que me corra. En estos momentos no hay señoras ni sumisas; sois dos putas que me debéis hacer eyacular. ¿Entendido?
Diablesa.- Sí, amo. ¿Empezamos?
Asentí con la cabeza y la lucifera se lanzó hacia mi polla; la muda, más experta en estas cosas del sexo se fue entreteniendo por el camino. Me lamió los pezones, mi abundante barriga; mi ombligo; mis ingles, hasta que llego a mis huevos. Ya tenía una lengua en mi polla y otra en los testículos; no se puede pedir más.
La muda pasaba de mi ano a los huevos con mucha facilidad y a mi me estaban llevando al séptimo cielo. La diablesa me mamaba la polla y en el glande enrollaba su larga y bífida lengua. Pocos minutos pasaron hasta que, entre gritos e insultos a mis putas, me corrí con cinco grandes chorros de esperma; que fueron a parar a las caras de las dos.
Yo.- Lameros la una a la otra mi leche, pedazo de viejas putas.
Las dos se encararon y se limpiaron con grandes muestras de puro vicio. Yo por mi parte me quedé muerto por la corrida; bueno, muerto ya estaba, quedé agotado, destrozado, sin fuerza ninguna y con los ojos cerrados. Alguna me estaba mamando la polla, que sorprendentemente seguía dura. Alzé la cabeza para vérmela y allí estaba desafiante, erguida, como en sus mejores días.
Diablesa.- Aquí abajo, no se deshinchan las pollas si el dueño no quiere, por mucho que se corra.
Yo.- Pues yo, no quiero, desde luego. Me parece que me va a gustar el infierno.
Cogí del pelo a las dos y las atraje a mi pecho; quería tener el contacto de esos cuerpos encima del mío. Acaricié sus espaldas, sus duros culos; metí un dedo en el de la muda, que estrechito que estaba. Besé sus mejillas, sus frentes, sus cuellos. La diablesa suspiro sobre mi pecho; la muda algo emitió, ella sabrá.
Diablesa.- Tus caricias me hacen recordar cuando estaba viva; cientos de años hacía que no me acordaba de esas cosas.
Que felicidad. Que tranquilidad. Que ruido más, atronador.
Diablesa.- No, mierda. Por esa gran puerta solo puede entrar Lucifer. Escóndete.
Yo.- Joder, joder. ¿Dónde me escondo?
La muda me cogió de la mano, y casi arrastras, me metió en un cuartito lateral; cerró la puerta tras ella. Quedamos encerrados y en silencio; oyendo lo que iba a acontecer en la habitación de al lado. La muda miro por la cerradura, lo pequeño del lugar hizo que al doblarse ella para observar, metiera su culo sobre mi polla.
Una fuerte voz se oyó en la habitación contigua.
Lucifer.- Mamona, ¿qué coño haces aquí? La fila de admisión va muy lenta, puta zorra.
La voz femenina no se distinguía lo que decía. No podía separar los ojos del culo de la muda; si yo fuera inteligente, habría dejado de mirarlo. En lugar de eso, empecé a sobarlo, a constatar su dureza, a meter un dedo en su ano y verificar que estaba deliciosamente estrecho. Y encima mi polla dura a más no poder. Pasó, lo que tenía que pasar. En la casi oscuridad, dirigí mi glande a buscar su ano; y lo encontré. Lo apoyé y noté como su ano se contraía y distendía rítmicamente. Esos movimientos permitieron, que poquito a poquito mi capullo fuera entrando, suavemente, de manera muy tierna y tranquila. La respiración de la muda se aceleró. En unos 5 minutos mi polla ya se encontraba totalmente dentro del maravilloso ano de la muda. Que delicia de culo por dios.
Fuera se oían voces; pero no me preocupaban. Mi chica estaba ensartada y había que hacerla disfrutar. La muda sudaba y el aroma a sexo inundó la pequeña habitación o armario o lo que demonios fuera. Al rato, mis metidas y salidas eran rítmicas y a buena cadencia. La muda empezó a emitir sonidos, de tal volumen, que podrían ser oídos por Lucifer; le tapé la boca. A los tres minutos se corría y se desplomaba en el suelo; y yo, le llenaba el culo de leche. Hicimos ruido, más del debido.
La puerta se abrió y un enorme tío me sacó de un tirón; acabé en el suelo a cuatro metros de distancia por lo menos. Sacó a la muda del pelo.
Diablesa.- Muda de mierda, como te atreves a traerte aquí a tus amigos a espiarnos.
Lucifer mantenía a la muda cogida del pelo; mirando a los ojos de la joven.
Lucifer.- ¿Qué coño está pasando aquí? Contesta.
Diablesa.- Es muda, amo.
La muda.- Mi amo y señor Lucifer.
Diablesa.- (Gritando) ¡¡No eres muda!!, me has engañado durante años (Se lanzó a cogerla del cuello)
Lucifer.- (Detuvo a la diablesa) Ella no te ha engañado; no recuerdas que fui yo, quien te la puso a tu servicio, imbécil. Yo te he puesto esta espía. Y tú (girándose hacia la exmuda) ¿Qué ha pasado?
La joven informo a Lucifer, de todo lo que había acontecido en esa habitación entre los tres, con toda suerte de detalles. Cuando la mala puta terminó de hablar. Lucifer estaba más rojo, si cabe, por la ira.
Intenté salir de la habitación; ya que, tenía a Lucifer de espaldas a mí.
Lucifer.- ¿Dónde crees que vas? Vicente.
Yo.- (¿Cómo narices me conoce? Pensé yo) ¿Nos conocemos?
Lucifer.- Vicente, sabía que ibas a venir y te tenía reservado un buen puesto por haberme aportado tantas almas pecadoras, gracias a tus relatos. Pero la has fastidiado al follarte y darle gusto a mi favorita. A partir de ahora, querrá correrse cada vez que la visite, ¿no lo entiendes? Me has jodido cabrón. No quiero volver a verte, y dado que tengo un cupo de almas que puedo rechazar sin dar explicaciones, te expulso del infierno. Por que aquí, solo me causarías problemas; maricón de mierda.
Dos fornidos demonios me cogieron por los brazos y me arrastraron por multitud de pasillos, hasta llegar a una polvorienta puerta. Pulsaron un botón y se abrió la puerta. Me echaron dentro; la puerta se cerró y noté que ascendía. Me dormí sin sueño.
Continuará.
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Gracias.
Que oscuro está esto, no veo casi nada; y a ver si abren alguna ventana, que hace un calor del demonio. Huele a huevos podridos o azufre o algo peor, no sé. Una luz rojiza al fondo.
Bañado por la débil luz, empiezo a reconocer el entorno donde me encuentro. Una sala muy alta y al fondo hay un grupo de gente escandalosa. Cuando me acerco, me sorprende su aspecto. ¡¡Son demonios!!; piel rojiza, cortos cuernos, van desnudos y con rabo. Me causa risa.
Yo.- Coño, entonces, ¿estoy muerto?
Mis palabras son oídas por una diablesa, que por cierto está muy buena, y a grandes saltos se me acerca con cara de mala hostia.
Diablesa.- Perro de mierda, ve a la fila y no te escondas por los rincones.
Con el tridente me golpea, y me produce un corte en el brazo, del que empieza a manar sangre. Y además, me duele. Se ríe a carcajadas, la mala puta, al ver mi sorpresa por el corte. Con una larga lengua bífida se relame los labios.
Diablesa.- Soy la favorita de Lucifer y mi amo no permite retrasos en la admisión. Ve a la fila te he dicho.
Veo como su tridente se me aproxima a gran velocidad; lo esquivo y le meto un puñetazo en los morros que la lanza de espaldas. Antes de que se recupere le doy dos patadas en el estómago, y como gritaba, le doy otra en la cara. Queda inconsciente.
La cojo del rabo, y arrastrándola, la llevo hacia un rincón poco visible desde la gran sala. Entonces me di cuenta, que yo también tenía la piel roja y un hermoso rabo encima del culo.
Diablesa.- (Recuperándose) Voy a llamar a mi amo Lucifer y te va a hacer a pedacit...
Le pegué otra patada en las costillas; calló.
Yo.- Cuando te dirijas a mí, me llamarás como “Señor” o “Amo”; ¿Lo entiendes puta?
Diablesa.- Y una mierd...
Empecé a darle patadas, hasta que me dolieron los pies.
Yo.- Tú sígueme hablando así, que te voy a arreglar el cuerpo. ¿Quién soy yo?
Diablesa.- Amo.
Yo.- Muy bien, puta de Lucifer y esclava mía. ¿A dónde lleváis a los de la fila de ahí fuera?
Diablesa.- A sus diferentes tormentos.
Le puse el pie en el cuello.
Diablesa.- No amo, no me pegue más, se lo suplico.
Yo.- Lámeme los pies, guarra de mierda.
La larga y bífida lengua de la diablesa me recorría los pies con suavidad.
Yo.- Ponte a cuatro patas, puta.
La diablesa se levantó como pudo y se puso como le pedí. Me sitúe detrás de ella y su rabo me molestaba. Le apunté mi polla a su coño y apreté. Entró la mitad, la diablesa grito y yo casi también. Que seco y cerrado está este chocho; me ha dolido. Le azoté el culo.
Yo.- Mala puta, ¿desde cuando no te metes algo en tu sucio coño?
Diablesa.- Hace una semana que Lucifer no visita mis habitaciones.
La mierda del rabo, de la tía esta, me está jodiéndo; ¿dónde pongo este rabo para que no me moleste? Lo mordí y lo sujeté con la boca. Otro empujón y entró toda, otro grito de la puta cornuda.
Yo.- Cállate ya, que ya la he metido toda. ¿Porqué coño gritas?
Diablesa.- Tiene muy gorda la polla, amo.
Inicié las penetraciones lentamente pero con decisión. La sacaba casi toda y la volvía a meter, hasta topar con su culo. Al poco tiempo advertí, que su coño iba humedeciéndose; ya entraba y salía mucho mejor. La guarra esta, empezó a mover su culo para buscar su placer, ya sudaba intensamente por todo su cuerpo; yo, también. Los primeros jadeos de la diablesa se oían débilmente.
Yo.- ¿Te gusta mala puta?
Diablesa.- Sí, amo. Me gusta su polla en mi coño; me abre toda.
Le di dos azotes.
Diablesa.- Pégueme amo. Me gusta que me azote el culo mientras me folla.
Le saqué la polla y no la metí.
Yo.- ¿Porqué quisiste pincharme con el tridente?
Diablesa.- Estamos en el infierno, amo. Aquí se hace eso constantemente.
Pues tiene razón, pensé. Y se la volví a meter. Sujetándola por las caderas incrementé la frecuencia de las penetraciones. Su rabo, loco por la excitación me golpeaba la cara; volví a morderlo para sujetarlo. Los jadeos de la diablesa se incrementaron en volumen y rapidez. Le azoté el culo nuevamente y quizás por eso, se le iniciaron las contracciones vaginales, que marcaban el principio de su orgasmo. Una corrida muy intensa, que me hizo difícil, seguir manteniendo cogida a la diablesa, por las caderas. Y grito, de manera grave y fuerte. Audible en toda la sala. Poco a poco se relajó; yo seguía con mis penetraciones de forma suave. Un seco ruido en mi cabeza, dolor. Me han golpeado por detrás. Perdí el conocimiento.
Me dolía la cabeza, acerqué una de mis manos al punto traumatizado y choqué en mi frente con algo duro. ¡¡¡Un cuerno!!! Mierda, sigo en el infierno.
Me incorporé como pude y muy mareado vi acercarse a la diablesa. Ahora si que estoy perdido, pensé.
Diablesa.- Túmbese, mi amo. Descanse. Quién le hizo eso, ya ha sido castigado.
Vaya cambio radical, de comportamiento, de la demonia.
Diablesa.- Como favorita de Lucifer tengo grandes privilegios y los he hecho valer para protegerle, amo.
Yo.- ¿Porqué?
Diablesa.- Llevo aquí desde principios del siglo XVII; cuando me quemaron, por bruja, en Francia. Y desde entonces, nadie me había echado un polvo como el suyo, amo.
Yo.- Pues espera a que te la meta por el culete, puta de mierda.
Diablesa.- ¿De verdad que lo hará? amo.
Yo.- No lo dudes. Ya lo tendrías reventado, si no me hubieran dado ese golpe, en la cabeza.
La demonia se acurruco junto a mi y sacando su larga y bífida lengua empezó a lamerme la polla. Le iba a dar un bofetón por chuparme la polla sin mi autorización; pero dado, que tenía mi polla dentro de una boca llena de dientes afilados, lo dejé correr.
Yo.- ¿No hay peligro de que aparezca Lucifer y se enfade?
Diablesa.- No viene a visitarme en semanas. Tranquilo, una de mis sirvientas está vigilando. Ahora quiero que me folles por donde quieras, amo.
Yo.- ¿Tienes cuerdas o cadenas?
Diablesa.- ¿Para qué? Amo.
Le di un bofetón, mi polla ya no estaba en su boca.
Yo.- ¿Tienes cuerdas o cadenas?
La demonia dio un silbido agudo y se abrió la puerta. Entró una mujer menuda de grandes pechos y larga melena rubia.
Diablesa.- Es mi sirvienta y además me da placer en las noches solitarias. Trae cuerda o cadenas, muda asquerosa.
Yo.- Mientras viene, chúpame la polla guarra.
Diablesa.- Como ordene mi amo. Será un placer.
Tan ensimismado me tenía la demonia con su mamada, que no me di cuenta cuando volvió la muda con una cuerda. Alargué la mano hacia la servicial muda y me entregó la cuerda.
Yo.- Puta mamona, deja de chupar que voy a atarte.
Diablesa.- Atarme, ¿para qué?
Bofetón a la mamona; no dije nada, solo la miraba fijamente a los ojos. La demonia agacho la vista. Até cada muñeca de la cornuda, con su respectiva pierna a la altura de la rodilla.
Yo.- Dile a la muda, que me obedezca en todo lo que le pida y que se quede aquí, la necesito para hacerte berrear de gusto.
Diablesa.- Ya lo has oído, muda. Obedécele.
La muda asintió con la cabeza. Cogí a la diablesa y la puse a cuatro patas.
Yo.- Sigue mamando guarra, y levanta el culo. Muda, lámele el ano y métele un dedo.
La muda, apartando el rabo de su señora con delicadeza, saco su lengua y empezó a lamerlo. Por otra parte, la diablesa seguía dándome una mamada fantástica; su lengua se enroscaba en mi polla y me daba un gusto inimaginable. Se la saqué de la boca o me corría.
Yo.- Mala puta (dándole un bofetón) como demonios das unas mamadas tan buenas.
Diablesa.- Como le dije, llevo más de 300 años practicando con Lucifer.
Yo.- Claro, así cualquiera.
Diablesa.- Muda (gritando) mete más dedos, puta.
Yo.- (Bofetón a la diablesa) Aquí, el ritmo de la follada, lo marco yo. Muda, solo un dedo.
Le volví a meter la polla en la boca, para que callara. Le cogí ambos pezones y se los retorcí y apreté tanto como pude. En lugar de gritar, gimió. A esta cornuda le va el sado.
Me levanté y apartando a la muda, metí mi polla en el culo de la diablesa. Un grito al entrar el capullo; otro grito cuando entró la mitad; y cuando entró toda, jadeó la mala puta. Sus esfínteres me apretaban tanto, que me hacían daño en la polla. Un puñetazo en su riñón derecho, y la presión disminuyo. Empecé a sacarla y meterla lentamente.
Yo.- Muda, aguanta la mierda del rabo de esta vieja zorra.
La muda, servicial, obedeció al instante. La atraje hacía mí y le di un morreo. Se sorprendió de que la besara; cuando pasó la sorpresa, me metió su lengua en la boca. La aparté, no me acostumbro a lenguas tan largas y además bífidas, joder.
Me supo mal haberla dejado con la boca abierta. Ya debe ser bastante dura su estancia aquí abajo, como, para que yo la maltrate. Sin dejar de follarme a la diablesa; acaricié la mejilla de la muda y le sonreí. Quizás, era la primera caricia que recibía en muchos años; suspiró, y atrapó mi mano contra su cara. Besó mi mano, sonriéndome a continuación. Un instante, que duró una eternidad.
La diablesa movía su culo buscando su placer; ya que, yo, me había parado. Con la mano que había acariciado a la muda, le di un fuerte azote a la diablesa. Entre grito y jadeo fue lo que salió de la boca de la cornuda. Reinicié las penetraciones al culo de la puta; mientras tanto, la muda apegó sus grandes tetas a mi espalda y me abrazó. Yo metí dos dedos en su mojado coño, me besó la espalda.
La diablesa, ya jadeaba constantemente por mis embestidas en su culo.
Yo.- Muda, azótale el culo a tu señora.
La muda le dio tan débil azote, que su sonido no sobresalió entre los golpes de mi pelvis contra las nalgas de la diablesa.
Yo.- Más fuerte, coño. Así.
Le di tal azote, que resonó en toda la habitación.
Diablesa.- Sí, pégueme, amo; o ordéneselo a la mierda de la muda. Pero azótenme el culo fuerte.
La muda le dio una palmada fuerte y sonora; y al ver mi gesto de aprobación, le dio otra más fuerte. Lucifera se corrió entre gritos y jadeos. Se derrumbó sobre el lecho. Entonces me centré en la muda, mis dedos volvieron a su coño; y en poco más de tres minutos, se corrió mientras le pellizcaba los endurecidos pezones. Su orgasmo fue menos escandaloso que el de su señora; pero para ser muda, emitió buena suerte de sonidos.
Desaté a la diablesa y me tumbé junto a ella, a acariciarla y disfrutar de la relajación tras el orgasmo. Hice señas a la muda, para que se tumbara a mi otro lado. Las dos me besaban; yo las besaba. A mi izquierda, unas tetas medianas casi se me clavan de lo duras que son. A mi derecha, unas grandes tetas se aplastan contra mis costillas. Buena combinación.
Yo.- No me he corrido todavía; quiero que las dos, con vuestras bocas, me maméis la polla hasta que me corra. En estos momentos no hay señoras ni sumisas; sois dos putas que me debéis hacer eyacular. ¿Entendido?
Diablesa.- Sí, amo. ¿Empezamos?
Asentí con la cabeza y la lucifera se lanzó hacia mi polla; la muda, más experta en estas cosas del sexo se fue entreteniendo por el camino. Me lamió los pezones, mi abundante barriga; mi ombligo; mis ingles, hasta que llego a mis huevos. Ya tenía una lengua en mi polla y otra en los testículos; no se puede pedir más.
La muda pasaba de mi ano a los huevos con mucha facilidad y a mi me estaban llevando al séptimo cielo. La diablesa me mamaba la polla y en el glande enrollaba su larga y bífida lengua. Pocos minutos pasaron hasta que, entre gritos e insultos a mis putas, me corrí con cinco grandes chorros de esperma; que fueron a parar a las caras de las dos.
Yo.- Lameros la una a la otra mi leche, pedazo de viejas putas.
Las dos se encararon y se limpiaron con grandes muestras de puro vicio. Yo por mi parte me quedé muerto por la corrida; bueno, muerto ya estaba, quedé agotado, destrozado, sin fuerza ninguna y con los ojos cerrados. Alguna me estaba mamando la polla, que sorprendentemente seguía dura. Alzé la cabeza para vérmela y allí estaba desafiante, erguida, como en sus mejores días.
Diablesa.- Aquí abajo, no se deshinchan las pollas si el dueño no quiere, por mucho que se corra.
Yo.- Pues yo, no quiero, desde luego. Me parece que me va a gustar el infierno.
Cogí del pelo a las dos y las atraje a mi pecho; quería tener el contacto de esos cuerpos encima del mío. Acaricié sus espaldas, sus duros culos; metí un dedo en el de la muda, que estrechito que estaba. Besé sus mejillas, sus frentes, sus cuellos. La diablesa suspiro sobre mi pecho; la muda algo emitió, ella sabrá.
Diablesa.- Tus caricias me hacen recordar cuando estaba viva; cientos de años hacía que no me acordaba de esas cosas.
Que felicidad. Que tranquilidad. Que ruido más, atronador.
Diablesa.- No, mierda. Por esa gran puerta solo puede entrar Lucifer. Escóndete.
Yo.- Joder, joder. ¿Dónde me escondo?
La muda me cogió de la mano, y casi arrastras, me metió en un cuartito lateral; cerró la puerta tras ella. Quedamos encerrados y en silencio; oyendo lo que iba a acontecer en la habitación de al lado. La muda miro por la cerradura, lo pequeño del lugar hizo que al doblarse ella para observar, metiera su culo sobre mi polla.
Una fuerte voz se oyó en la habitación contigua.
Lucifer.- Mamona, ¿qué coño haces aquí? La fila de admisión va muy lenta, puta zorra.
La voz femenina no se distinguía lo que decía. No podía separar los ojos del culo de la muda; si yo fuera inteligente, habría dejado de mirarlo. En lugar de eso, empecé a sobarlo, a constatar su dureza, a meter un dedo en su ano y verificar que estaba deliciosamente estrecho. Y encima mi polla dura a más no poder. Pasó, lo que tenía que pasar. En la casi oscuridad, dirigí mi glande a buscar su ano; y lo encontré. Lo apoyé y noté como su ano se contraía y distendía rítmicamente. Esos movimientos permitieron, que poquito a poquito mi capullo fuera entrando, suavemente, de manera muy tierna y tranquila. La respiración de la muda se aceleró. En unos 5 minutos mi polla ya se encontraba totalmente dentro del maravilloso ano de la muda. Que delicia de culo por dios.
Fuera se oían voces; pero no me preocupaban. Mi chica estaba ensartada y había que hacerla disfrutar. La muda sudaba y el aroma a sexo inundó la pequeña habitación o armario o lo que demonios fuera. Al rato, mis metidas y salidas eran rítmicas y a buena cadencia. La muda empezó a emitir sonidos, de tal volumen, que podrían ser oídos por Lucifer; le tapé la boca. A los tres minutos se corría y se desplomaba en el suelo; y yo, le llenaba el culo de leche. Hicimos ruido, más del debido.
La puerta se abrió y un enorme tío me sacó de un tirón; acabé en el suelo a cuatro metros de distancia por lo menos. Sacó a la muda del pelo.
Diablesa.- Muda de mierda, como te atreves a traerte aquí a tus amigos a espiarnos.
Lucifer mantenía a la muda cogida del pelo; mirando a los ojos de la joven.
Lucifer.- ¿Qué coño está pasando aquí? Contesta.
Diablesa.- Es muda, amo.
La muda.- Mi amo y señor Lucifer.
Diablesa.- (Gritando) ¡¡No eres muda!!, me has engañado durante años (Se lanzó a cogerla del cuello)
Lucifer.- (Detuvo a la diablesa) Ella no te ha engañado; no recuerdas que fui yo, quien te la puso a tu servicio, imbécil. Yo te he puesto esta espía. Y tú (girándose hacia la exmuda) ¿Qué ha pasado?
La joven informo a Lucifer, de todo lo que había acontecido en esa habitación entre los tres, con toda suerte de detalles. Cuando la mala puta terminó de hablar. Lucifer estaba más rojo, si cabe, por la ira.
Intenté salir de la habitación; ya que, tenía a Lucifer de espaldas a mí.
Lucifer.- ¿Dónde crees que vas? Vicente.
Yo.- (¿Cómo narices me conoce? Pensé yo) ¿Nos conocemos?
Lucifer.- Vicente, sabía que ibas a venir y te tenía reservado un buen puesto por haberme aportado tantas almas pecadoras, gracias a tus relatos. Pero la has fastidiado al follarte y darle gusto a mi favorita. A partir de ahora, querrá correrse cada vez que la visite, ¿no lo entiendes? Me has jodido cabrón. No quiero volver a verte, y dado que tengo un cupo de almas que puedo rechazar sin dar explicaciones, te expulso del infierno. Por que aquí, solo me causarías problemas; maricón de mierda.
Dos fornidos demonios me cogieron por los brazos y me arrastraron por multitud de pasillos, hasta llegar a una polvorienta puerta. Pulsaron un botón y se abrió la puerta. Me echaron dentro; la puerta se cerró y noté que ascendía. Me dormí sin sueño.
Continuará.
Se agradecerán comentarios en este blog o en el email del autor: saltas60@latinmail.com
Si son buenos, para continuar escribiendo.
Si son negativos, para mejorar.
Gracias.
D.V. Capítulo X, continuación del día con Ana y Pilar.
Capítulo 10, continuación del día con Ana y Pilar.
Ya me había bebido una cerveza bien fría, en el restaurante donde íbamos a comer las dos hermanas (Ana y Pilar) y yo. Quería hablar con Ana sobre el incidente del coche y su falta de respeto hacía mí.
Yo.- Ana, lo de esta mañana en el coche, hay que aclararlo. No te voy a consentir que cuestiones mis actos. Sigues teniendo la palabra mágica, que me haría detener cualquier cosa, que esté haciendo. Pero excepto en ese caso, como vuelvas a faltarme al respeto, me marcharé y no te volveré a llamar. Ya puedes hablar, abiertamente; tenéis las dos mi autorización para que digáis lo que os plazca.
Ana.- Lo siento, amo. Son los celos de verte con otra, aunque sea mi hermana; y que, como dice mi padre, digo las cosas sin pensarlas. Después, suelo arrepentirme.
Pilar.- Amo, lo que dice Ana es cierto, tiene un pronto muy histérico; pero después es tu fiel esclava, como bien sabes. Yo convivo con ella, y cuando no estamos juntos lo pasa muy mal, queriendo llamarte todos los días.
Yo.- Ninguna de esas excusas me vale. Pilar, yo podría entender que cuando te puse la mano en el muslo, Ana hubiera dicho que ella quería que la sobara también. Pero cuando le dije, que se callara, esa es un orden muy clarita. Y contra eso, no admito divagaciones.
Ana.- Perdóneme, amo. No volverá a ocurrir (con la cara roja, se le saltaron las lágrimas)
Yo.- Me dolería no llamarte, por que eres un encanto de mujercita y muy divertida; pero me debéis un respeto especial, que pactamos en los primeros días. Ya os dije que no soy ni vuestro padre ni vuestro profesor. Soy vuestro amo y eso lo debes tener muy claro Ana (la cogí de la mano, para que calmaran las lágrimas)
Ana.- Gracias (se me subió a mis rodillas donde se sentó y escondió su cabeza entre mis brazos) Te quiero (entre lágrimas)
Yo.- Bueno, venga, ves dejando de llorar, que todos los beatos de la calle se pajearán esta noche pensando en ti.
La verdad es que no es muy normal, en un restaurante, que un cincuentón tenga sentada en sus rodillas a una belleza de veintipocos años y llorando. Acaricié la cabeza de mi niña. Un camarero se nos acercó, por si podía ayudarnos a calmar a Ana o ver que podía hacer.
Camarero.- ¿Le ocurre algo a la señorita?
Yo.- Nada, gracias; no se preocupe, cosas de chicas y novios. En un momento le pediremos la comida. Gracias.
Camarero.- Es que, la dueña me ha pedido, que le diga: “Qué se comporten adecuadamente”
Yo.- Pues dígale a la dueña. Que la niña está llorando, porque no le quiero meter la polla por el culo ahora; porque, ve: la niña va sin bragas y yo la cremallera subida (levanté la falda de Ana) Ahora bien, si la dueña tiene a bien venir y bajarme la cremallera, sodomizaré a esta joven y callará por fin.
El camarero se fue sin dejar de mirar la entrepierna de Ana.
Yo.- Venga, vámonos a otro sitio.
Pilar.- Espere, si está a gusto aquí, yo lo arreglaré.
Pilar se levanto y fue hacía la barra. Yo seguía acariciando la cabecita de Ana y dándole besitos en su frente, aunque con el espectáculo anterior ya había dejado de llorar. Pilar volvió al rato.
Pilar.- Todo arreglado, amo.
Yo.- ¿Qué les has dicho o hecho?
Pilar.- La dueña estaba igual que Ana esta mañana, estaba celosa. Hace meses se me insinuó y la he amenazado con hacerlo público, es muy religiosa de boquilla. Le robó el restaurante, cuando se separó, a su marido. Yo conozco a la chica con la que hicieron un montaje, para chantajear al pobre hombre, por infidelidad con una menor.
Yo.- Vaya, vaya con mis chicas. Que peligro tenéis. Sino fuera porque este día es vuestro, la humillaría en público por zorra mentirosa. Venga Ana, levántate que se me está poniendo dura la polla y no es ni el momento ni el lugar.
Pilar.- Ya puestos en confesiones, debo comentarle a mi amo, que esta semana he tenido una bronca muy grande con mi padre. El motivo fue usted.
Yo.- ¿Yo? Cuenta.
Ana.- Para que sea imparcial el contarlo, debo ser yo quien lo cuente, por que también estaba presente y me quede de piedra. Fue el lunes pasado, cuando cenamos las dos en casa de nuestros padres, como todos los lunes. Mi padre tuvo una pequeña bronca conmigo por llegar tarde el domingo y algo pasada de copas. No sé el motivo, pero ese día mi padre estaba extrañamente cruel conmigo y cuando ya se medio calmo, Pilar le dijo estas palabras: “Tengo como amo y señor a un hombre de 50 años, que me hace berrear como una puta, cada vez que estoy con él”
Yo.- (Abriendo los ojos como platos) Y eso, ¿porqué? Pilar. Va a ser verdad, cuando decías, que en casa de tus padres, la mala eras tú.
Pilar.- Mi padre estaba atacando a la esclava de mi amo; y solo nuestro amo puede recriminarnos algo. Mi hermana ya no es mi hermana, es mi compañera para satisfacerle a usted, amo.
Yo.- Es un orgullo para mí, que hables así, Pilar. Pero ¿crees que era necesario? Lo dejo a tu criterio personal. Me da pena el pobre hombre.
Ana.- Ha sido un buen padre, eso nadie lo discute. Pero últimamente está muy pesado e insoportable.
Pilar.- En el último año habían demasiados tropezones con mi culo, desapariciones de tangas usadas; yo ya no sabía que pensar, hasta que un día lo pille oliendo mis bragas antes de lavarlas.
Yo.- (Sonreí ligeramente sin decir nada) Haced lo que queráis, pero no ser cruel con el hombre. Yo no sé lo que es tener unos bomboncitos así en casa; y seguro, que os dejabais ver en braguitas y camisetas sin sujetador. Y el hombre se imponía al padre. No quiero decir nada más, es vuestra vida.
Les di un beso cariñoso en los labios a cada una y llamé al camarero para pedirle la comida. Comimos bien, espero que sin regalitos en los platos de la dueña; y salimos con el coche, hacía una playa poco transitada, “La Patacona”, a pasear un poco.
La mar estaba preciosa rugiendo levemente; solo habían tres pescadores que no sé que coño harían, pues con las olas que habían era poco menos que imposible tener las líneas tensadas. Quizás por eso, prestaron más atención a los culos de mis chicas que a sus cañas de pescar. Lanzaron algún que otro piropo de mal gusto y sintiéndome generoso con compañeros de antigua afición, levante las faldas de las chicas cuando les rebasamos y nos alejábamos por la orilla del mar. Se oyeron berridos a lo lejos. Me reí y mis chicas me besaron mientras me apretaban el culo, para que los pescadores lo vieran. Estábamos a unos 100 metros de los pescadores. Me pare y me gire a verlos, los tres pescadores debían andar entre 30 y 35 años, relativamente agradables para una mujer.
Yo.- ¿Os apetece ser mis putas por un rato?
Pilar.- Lo somos, amo.
Ana.- Nunca he cobrado dinero por follar, pero para quitarles el ligue a algunas amigas, por entradas de conciertos o paseos en grandes motos si he hecho. Pero con tíos que estaban relativamente buenos y más jóvenes.
Yo.- Lo que os voy a proponer no estáis obligadas a hacerlo; ya que, no estaba pactado en nuestro acuerdo. Simplemente es, para saber, cual de las dos es más puta. La cuestión es ir donde están esos y subastarse para que al vencedor le hagáis una paja, mientras el os puede sobar pero sin meter nada en cualquiera de vuestros agujeritos. Tiempo máximo 10 minutos y solo con la mano se les toca el pito. ¿Alguna se atreve?
Sin decir nada, Ana se fue para donde estaban los pescadores y los reunió. Me miraban y valoraban la chavala que tenían delante. El más mayor se alejo del grupo con Ana; que le bajo la cremallera y empezó a pajearle mientras nos miraba. El hombre le dio un buen repaso tanto al culo, como a la entrepierna. En 5 minutos terminó. Ana vino corriendo hacía nosotros.
Ana.- Amo, su puta solo a podido conseguir 27€ de ese hombre; no traía más.
Yo.- Buen trabajo putita, me has complacido. Venga, vámonos perritas.
Pilar.- Amo, me permite que yo intente superar esa cantidad, por favor.
Yo.- Haz lo que quieras, sabes que no estás obligada.
Pilar salió en dirección a los hombres; ellos la miraban acercarse moviendo ese culo que tan bien utiliza. Los reunió, se sacó una teta y se levanto la falda enseñándoles la mercancía. Los hombres la sobaron y Pilar se alejo unos pocos metros, esperando al que ganara la subasta. Uno se fue con ella y volvimos a ver lo mismo que con Ana. Cuando terminó, vino hacía nosotros sonriendo.
Pilar.- Amo, 42,50€ del calvo. La pena ha sido que el delgaducho me ofrecía 20€ en metálico y 30€ en lotería nacional; se ha quedado muy caliente y jodido el cabrón.
Yo.- Venga, id las dos y que por ese precio, escoja cual de las dos le hará la paja.
Pilar fue la escogida, Ana se vino con el dinero fijado.
Ana.- Lo siento, amo.
Yo.- No te preocupes princesa; esta gente prefiere las mujeres con caderas más anchas y no saben apreciar un culete tan repretado y perfecto como el tuyo (La bese en los labios y sobé su culo)
Ana me sonrió y me puso el culete encima de la polla, mientras veíamos a Pilar pajear al último pescador.
Ana.- Amo, ¿su polla se ha puesto contenta al notar mí culo o por ver a Pilar de pajillera?
Yo.- Y que más da, está contenta y eso debe bastarte; pues ese debe ser tu principal objetivo (le sobé las dos tetas desde su espalda) Eres preciosa, princesa (llenó su pecho con una gran inspiración de satisfacción por el piropo)
Pilar llego, la bese y cogiendo a mis putitas por la cintura seguimos con nuestro paseo. Cuando habíamos recorrido unos 500 metros, repartí el dinero y la lotería entre las dos. Intentaron hablarme, pero las hice callar antes de que empezaran.
Yo.- Esto no es negociable. Ese dinero es vuestro. Si yo cogiera o gastara un solo céntimo de ese dinero, no volvería a venir. Y no quiero que lo volváis a hacer, nunca más. ¿Está claro?
Pilar.- Usted es nuestro amo; usted ordena; nosotras obedecemos.
Ana.- Sí, amo.
Yo.- Mi premio ha sido que me hayáis obedecido. Venga, volvamos al piso; que quiero que os quitéis esa olor a sardina de las manos. Y después follaros como a putas. Igual, hasta os pago un par de euros a cada una. Mejor, a una le daré tres y a la otra uno. ¿Quién ganará?
Las chicas empezaron a hacerme proposiciones indecentes de lo que me harían al llegar al piso; nos reímos mucho y yo estaba en la gloria al ver a dos preciosidades pelearse a ver cual de las dos me dejaba más satisfecho. Esto es el paraíso, no hace falta morir para estar en él.
Llegamos al piso, la ropa volaba por los aires y nos metimos los tres en la ducha; estrechos pero contentos. Primero una buena enjabonada para quitarnos la suciedad; después de aclararnos, otra ración de gel para disfrutar del tacto de mis niñas. Ya limpios y secos, salimos del baño y nos fuimos a la habitación de Pilar que tenía la cama sin deshacer.
Me tumbe en la cama e indique a las jóvenes que me imitaran; en este momento solo me apetecía tenerlas abrazadas, notar su suave y cálida presencia. Acariciar sus espaldas, notar sus besos en mis pezones y pecho. Sus delicadas manos por mi polla y huevos.
Yo.- Esta tarde, me habéis obedecido sin tener obligación de hacerlo; por lo tanto, quiero devolveros mi gratitud. Tenéis mi permiso para solicitarme cualquier cosa que os apetezca. Si me complace, podréis realizarla.
Pilar y Ana se miraron sorprendidas, sonrieron y me miraron a los ojos.
Pilar.- Cualquier cosa, amo.
Yo.- Podéis pedir cualquier cosa; pero no os garantizo que os de permiso para hacerla. No estoy loco.
Pilar.- Cuando usted no está, muchas noches nos hemos pajeado mi hermana y yo pensando en tenerlo atado a usted y follárnoslo. Es una fantasía recurrente que hemos mantenido desde que lo conocimos.
Yo.- Sonreí.
Ana.-No se enfade , amo.
Yo.- Si no me enfado. Y os lo voy a permitir; pero con condiciones. A las 22,15 debo estar en la estación de trenes. Me podréis atar las manos. Deberéis controlar mi excitación; no creo que os guste que a la media hora me corra y después ya no se me levante. Nada de golpes, azotes o dolor. Y creo que no hay nada más; yo también tengo la palabra mágica, si la digo todo parado. Si estáis de acuerdo, ¿cómo me pongo? Las cuerdas están en el salón.
Mis chicas sonrieron maliciosamente.
Pilar.- Gracias, amo. Claro que no le haremos daño; si solo queremos tenerlo atado para sobarlo y follárnoslo; a nuestro aire. Es un encanto de amo, cada vez lo quiero más, amo.
Yo.- Me tendréis que llamar de otra manera, ¿no?
Ana.- Usted es nuestro maravilloso amo, atado o sin atar (me morreó y salió hacía el salón, a buscar las cuerdas)
Las chicas se estaban divirtiendo; hablando entre ellas, como atarme y que hacerme. Yo era feliz, viéndolas a ellas disfrutar. Les indique que tipo de nudo les hacía a ellas para no dejar marcas y no se clavara en las muñecas. Cuando me di cuenta, ya estaba con los brazos en cruz e indefenso ante sus futuros arrebatos. Fueron a por una cámara y hacerme fotos; querían inmortalizar el momento.
Ana tenía toda la cara roja por la excitación; mientras Pilar intentaba organizar la sesión, Ana se tiro a comerme la polla.
Pilar.- Ana, así no. Hay que organizarlo todo. Como hagas que se corra, te doy una hostia.
Ana no respondió y Pilar intento arrebatarle mi rabo de su boca; pero mi princesa parecía un perro de presa. Una bestia, que había probado la sangre y ya le era indispensable para la vida. Pero Pilar era más experta y puso orden en la situación. Se puso de pie junto a la cama, cogió el pelo de Ana y tiro de él. Mi princesa grito, pero se levanto soltando su presa; Pilar la cogió del cuello desde su espalda y apretó.
Pilar.- No voy a permitir que me estropees una tarde con mi amo, atado. O nos organizamos o te encierro en el armario; y sabes, que lo puedo hacer.
Que bien me lo estaba pasando. Mis chicas peleándose por mí. Y mi rabo también estaba contento. Las hermanas parecían que habían llegado a un acuerdo de cómo disfrutarme conjuntamente.
Pilar.- Amo, disculpe este pequeño incidente. No volverá a ocurrir.
Yo sonreí sin decir palabra alguna. Cada una a un lado mío; empezaron a besarme por la cara, cuello y pezones. En ellos se recrearon; mientras una me pajeaba, la otra amasaba mis huevos. Siguieron bajando, mordiéndome por donde pasaban. Ana llego a mi polla que engullo sin delicadeza. Pilar me mordía las ingles y daba algún lametón a mis huevos. Tener dos bocas hambrientas tan cerca de mi polla era inquietantemente maravilloso. Intercambiaron posiciones; Pilar me chupaba la polla mejor: Con su lengua siempre ha sabido volver loco a mi glande. Ana apartó a su hermana y se colocó para hacer un 69.
Pilar.- ¿Y yo qué, miro?
Ana abandonó mi polla y me coloco su coñito en la boca. Empecé a lamerlo; que sabroso y jugoso. Notaba a Pilar mamándome la polla con rapidez. Ana movía sus caderas y me dejaba delante de la boca o su chochete o su ano. Pilar se metió mi polla en su coño; que calentito y acogedor. En estos momentos mis niñas tenían sus tetitas encaradas y seguro que se están morreando y yo aquí abajo sin poder participar.
Bueno, si que participaba. Me estaba comiendo el coñito de una y llenando el chochete de la otra. Es que quisiera estar en todas partes. Ana ya jadeaba con mis lamidas. Se intercambiaron de lugar las hermanitas. Ahora tenía en la boca el carnoso coño de Pilar; y Anita se había metido mi polla en su culo. Que vicio a cogido de tener ocupado su culo mi princesa. Se debió hacer daño, por que se la ha metido muy rápido y ahora la saca. Muy bien Anita, poco a poco es mejor tonta; métetela toda.
Pilar es más mujer, no se anda por las ramas; sabe donde quiere mi lengua y yo la complazco. Aunque el hermoso culo de Pilar me tapa toda la cara, oigo los jadeos de Ana; su ritmo se ha incrementado. La conozco, le falta muy poco y no va a parar. Del chocho de Pilar salen abundantes jugos que bebo con fruición, con deleite. Y oigo un coro celestial de jadeos, risas histéricas y gritos entrecortados. Mis niñas, mis tiernas jovencitas se están corriendo a la vez sobre mí. Hoy es una tarde gloriosa para mí.
Pilar y Ana, abrazadas, caen de lado agotadas por sus respectivos orgasmos. Se besan entre jadeos. Joder, no lo veo bien.
Yo.- ¿Cómo se lo han pasado mis chochetes?
Pilar.- Muy bien, amo.
Ana.- Ahora nos queda ordeñarlo a usted, amo.
Yo.- Y como queréis hacerlo, ordeñadoras putitas.
Pilar.- A dos lenguas y la leche directamente a nuestras bocas.
Ana.- Pero queremos que cuando te corras, lo grites bien fuerte.
Yo.- Fuerte, para que lo oigáis bien vosotras; o fuerte, para que se entere el vecindario.
Ana.- Fuerte para que toda Valencia se entere, que te hemos sacado la leche, las hermanas más putas de Valencia (Sonreí)
Las dos vinieron a besarme en la boca y con sus lenguas degustar el sabor de sus coñitos de mi boca. Que bien besan mis chicas
Pilar.- Mi amo y señor. ¿Preparado para disfrutar?
Yo.- Hacedme lo que vuestras calenturientas mentes os dicten. Zorras de los cojones.
Ana, río maliciosamente al mirarme a los ojos. Pilar me chupaba un pezón mientras, que con la mano, me sobaba los huevos. Ana, como siempre, no perdía el tiempo y ya tenía mi polla en su boca.
Yo.- (Mirando a Pilar) Creo que falta una lengua por allá abajo.
Pilar riño a su hermana por no esperarla. Ya tenía las dos lenguas enrolladas en mi polla y la verdad es que la sensación era grandiosa. O bien, cada joven lamía el lateral de mi polla que tenía delante; o bien, una mamaba la polla y otra lamía los huevos. Después intercambiaban los lugares.
Yo.- La madre que os parió, vaya mamada más buena me estáis dando putitas chupa pollas.
Ana.- Silencio o paramos.
Yo.- Serás golfa (me reí a carcajadas)
Pilar me metió un dedo por el ano, afortunadamente lo había mojado bien. Las hermanas estaban disfrutando viéndome la cara de placer que tenía yo. Aguanté lo que pude y cuando note que si seguían me correría se lo advertí.
Yo.- Si continuáis así, en un minuto me correré.
Ni caso me hicieron, querían su lechita ya. Como dije, al momento empecé a notar que la corrida no se iba a hacer esperar.
Yo.- Me voy a correr malas putas. Abrid vuestras sucias bocas.
Las dos se prepararon y Pilar cogió la polla para dirigirla mejor.
Yo.- (Bien fuerte) Me cooorrrrroooo
El primer golpe de leche lo recibió Ana dentro de su boca; el segundo fue para Pilar. El resto al salir con menos fuerza se quedo resbalando por mi rabo. Pilar me pajeaba delicadamente intentando que saliera hasta la última gota. Las chicas degustaron la leche que les entro en la boca y después se dedicaron a limpiarme la polla con sus lenguas. Después se morrearon.
Yo.- Chicas ha sido genial; sois unas autenticas chupa pollas de primera.
Ana.- Amo, a mi también me ha gustado mucho.
Pilar.- No pararía, amo. ¿Quiere que le traiga pastillitas para que esto no se baje en tres días?
Yo.- Que quieres, desollarla de tanto follar. Seguro que acabaría otra vez en el hospital.
Pilar.- Es cierto, amo. Perdone, no lo recordaba.
Yo.- Tranquila cariño, sé que no me deseas ningún mal.
Ana empezó a desatarme; al verla Pilar, hizo lo mismo con la otra muñeca. Quedé libre y mis niñas se me echaron encima, cada una a un lado. Me llenaron de besos otra vez, tan enfrascados estábamos que no oímos abriese la puerta de la calle. Mis niñas me sobaban todo el cuerpo, me comían los pezones y en ese momento, vi a una mujer sorprendida, en la puerta de la habitación.
Yo.- Hola. ¿Quién eres?
Las dos hermanas giraron las cabezas a ver a quién le hablaba.
La mujer.- Perdón, no sabía ....
La mujer enigmática se retiro rápidamente. Pilar se levanto y salió a buscarla.
Ana.- Es Sandra, la compañera de piso. Dijo que volvería mañana.
Yo.- Tengo sed, vamos a por una cerveza.
Ana.- Es que está Sandra por ahí y vamos desnudos.
Yo.- Que se va a asustar, por ver a un hombre desnudo. De acuerdo, no estoy en mi casa. Tráemela tú, princesa. Por favor.
Pilar.- (Entrando en la habitación sonriendo) Es Sandra, la compañera de piso. Y por lo poco que te ha visto, le has causado buena impresión.
Yo.- Hoy es vuestro día. No pueden haber distracciones; salvo, que vosotras dos lo deseéis. Aunque para poco más de 2 horas que me quedan de estar aquí, no vale la pena.
Pilar.- Solo ha dejado la maleta y ya se ha ido.
Yo.- Mejor cariño; salgamos al salón a que nos dé el aire.
Ana.- Su cerveza, amo.
Yo.- Gracias princesa, eres un encanto. Bueno, valoraciones; ¿Qué os ha parecido atarme?
Pilar.- Me ha gustado, pero me gusta más cuando la atada soy yo. Lo de esta mañana ha sido maravilloso. Sin tocar con las manos, sin ver y sin oír, los otros sentidos se agudizan mucho.
Yo.- Y tú, Ana. ¿Qué tal has pasado la mañana?
Ana.- Al principio mal, por lo del coche. Después como usted me ha perdonado y me ha dejado participar me ha gustado. Lo de los pescadores es un puntazo, me he sentido muy puta. Y esta tarde, con usted atadito, daba mucho morbo.
Yo.- Me alegra que hayáis pasado una buena tarde. Yo también lo he disfrutado mucho zorritas. ¿Qué, nos duchamos?
La ducha fue relajada, nada de sexo, solo caricias, cariñitos y masajes. Todos estábamos saciados.
Nos vestimos y me llevaron a la estación de trenes de Valencia-Nord; les di un gran beso a cada una y me fui a casa.
Continuará.
Se agradecerán comentarios en esta web o
en el email del autor: saltas60@latinmail.com
Si son buenos, para continuar escribiendo.
Si son negativos, para mejorar.
Gracias.
Ya me había bebido una cerveza bien fría, en el restaurante donde íbamos a comer las dos hermanas (Ana y Pilar) y yo. Quería hablar con Ana sobre el incidente del coche y su falta de respeto hacía mí.
Yo.- Ana, lo de esta mañana en el coche, hay que aclararlo. No te voy a consentir que cuestiones mis actos. Sigues teniendo la palabra mágica, que me haría detener cualquier cosa, que esté haciendo. Pero excepto en ese caso, como vuelvas a faltarme al respeto, me marcharé y no te volveré a llamar. Ya puedes hablar, abiertamente; tenéis las dos mi autorización para que digáis lo que os plazca.
Ana.- Lo siento, amo. Son los celos de verte con otra, aunque sea mi hermana; y que, como dice mi padre, digo las cosas sin pensarlas. Después, suelo arrepentirme.
Pilar.- Amo, lo que dice Ana es cierto, tiene un pronto muy histérico; pero después es tu fiel esclava, como bien sabes. Yo convivo con ella, y cuando no estamos juntos lo pasa muy mal, queriendo llamarte todos los días.
Yo.- Ninguna de esas excusas me vale. Pilar, yo podría entender que cuando te puse la mano en el muslo, Ana hubiera dicho que ella quería que la sobara también. Pero cuando le dije, que se callara, esa es un orden muy clarita. Y contra eso, no admito divagaciones.
Ana.- Perdóneme, amo. No volverá a ocurrir (con la cara roja, se le saltaron las lágrimas)
Yo.- Me dolería no llamarte, por que eres un encanto de mujercita y muy divertida; pero me debéis un respeto especial, que pactamos en los primeros días. Ya os dije que no soy ni vuestro padre ni vuestro profesor. Soy vuestro amo y eso lo debes tener muy claro Ana (la cogí de la mano, para que calmaran las lágrimas)
Ana.- Gracias (se me subió a mis rodillas donde se sentó y escondió su cabeza entre mis brazos) Te quiero (entre lágrimas)
Yo.- Bueno, venga, ves dejando de llorar, que todos los beatos de la calle se pajearán esta noche pensando en ti.
La verdad es que no es muy normal, en un restaurante, que un cincuentón tenga sentada en sus rodillas a una belleza de veintipocos años y llorando. Acaricié la cabeza de mi niña. Un camarero se nos acercó, por si podía ayudarnos a calmar a Ana o ver que podía hacer.
Camarero.- ¿Le ocurre algo a la señorita?
Yo.- Nada, gracias; no se preocupe, cosas de chicas y novios. En un momento le pediremos la comida. Gracias.
Camarero.- Es que, la dueña me ha pedido, que le diga: “Qué se comporten adecuadamente”
Yo.- Pues dígale a la dueña. Que la niña está llorando, porque no le quiero meter la polla por el culo ahora; porque, ve: la niña va sin bragas y yo la cremallera subida (levanté la falda de Ana) Ahora bien, si la dueña tiene a bien venir y bajarme la cremallera, sodomizaré a esta joven y callará por fin.
El camarero se fue sin dejar de mirar la entrepierna de Ana.
Yo.- Venga, vámonos a otro sitio.
Pilar.- Espere, si está a gusto aquí, yo lo arreglaré.
Pilar se levanto y fue hacía la barra. Yo seguía acariciando la cabecita de Ana y dándole besitos en su frente, aunque con el espectáculo anterior ya había dejado de llorar. Pilar volvió al rato.
Pilar.- Todo arreglado, amo.
Yo.- ¿Qué les has dicho o hecho?
Pilar.- La dueña estaba igual que Ana esta mañana, estaba celosa. Hace meses se me insinuó y la he amenazado con hacerlo público, es muy religiosa de boquilla. Le robó el restaurante, cuando se separó, a su marido. Yo conozco a la chica con la que hicieron un montaje, para chantajear al pobre hombre, por infidelidad con una menor.
Yo.- Vaya, vaya con mis chicas. Que peligro tenéis. Sino fuera porque este día es vuestro, la humillaría en público por zorra mentirosa. Venga Ana, levántate que se me está poniendo dura la polla y no es ni el momento ni el lugar.
Pilar.- Ya puestos en confesiones, debo comentarle a mi amo, que esta semana he tenido una bronca muy grande con mi padre. El motivo fue usted.
Yo.- ¿Yo? Cuenta.
Ana.- Para que sea imparcial el contarlo, debo ser yo quien lo cuente, por que también estaba presente y me quede de piedra. Fue el lunes pasado, cuando cenamos las dos en casa de nuestros padres, como todos los lunes. Mi padre tuvo una pequeña bronca conmigo por llegar tarde el domingo y algo pasada de copas. No sé el motivo, pero ese día mi padre estaba extrañamente cruel conmigo y cuando ya se medio calmo, Pilar le dijo estas palabras: “Tengo como amo y señor a un hombre de 50 años, que me hace berrear como una puta, cada vez que estoy con él”
Yo.- (Abriendo los ojos como platos) Y eso, ¿porqué? Pilar. Va a ser verdad, cuando decías, que en casa de tus padres, la mala eras tú.
Pilar.- Mi padre estaba atacando a la esclava de mi amo; y solo nuestro amo puede recriminarnos algo. Mi hermana ya no es mi hermana, es mi compañera para satisfacerle a usted, amo.
Yo.- Es un orgullo para mí, que hables así, Pilar. Pero ¿crees que era necesario? Lo dejo a tu criterio personal. Me da pena el pobre hombre.
Ana.- Ha sido un buen padre, eso nadie lo discute. Pero últimamente está muy pesado e insoportable.
Pilar.- En el último año habían demasiados tropezones con mi culo, desapariciones de tangas usadas; yo ya no sabía que pensar, hasta que un día lo pille oliendo mis bragas antes de lavarlas.
Yo.- (Sonreí ligeramente sin decir nada) Haced lo que queráis, pero no ser cruel con el hombre. Yo no sé lo que es tener unos bomboncitos así en casa; y seguro, que os dejabais ver en braguitas y camisetas sin sujetador. Y el hombre se imponía al padre. No quiero decir nada más, es vuestra vida.
Les di un beso cariñoso en los labios a cada una y llamé al camarero para pedirle la comida. Comimos bien, espero que sin regalitos en los platos de la dueña; y salimos con el coche, hacía una playa poco transitada, “La Patacona”, a pasear un poco.
La mar estaba preciosa rugiendo levemente; solo habían tres pescadores que no sé que coño harían, pues con las olas que habían era poco menos que imposible tener las líneas tensadas. Quizás por eso, prestaron más atención a los culos de mis chicas que a sus cañas de pescar. Lanzaron algún que otro piropo de mal gusto y sintiéndome generoso con compañeros de antigua afición, levante las faldas de las chicas cuando les rebasamos y nos alejábamos por la orilla del mar. Se oyeron berridos a lo lejos. Me reí y mis chicas me besaron mientras me apretaban el culo, para que los pescadores lo vieran. Estábamos a unos 100 metros de los pescadores. Me pare y me gire a verlos, los tres pescadores debían andar entre 30 y 35 años, relativamente agradables para una mujer.
Yo.- ¿Os apetece ser mis putas por un rato?
Pilar.- Lo somos, amo.
Ana.- Nunca he cobrado dinero por follar, pero para quitarles el ligue a algunas amigas, por entradas de conciertos o paseos en grandes motos si he hecho. Pero con tíos que estaban relativamente buenos y más jóvenes.
Yo.- Lo que os voy a proponer no estáis obligadas a hacerlo; ya que, no estaba pactado en nuestro acuerdo. Simplemente es, para saber, cual de las dos es más puta. La cuestión es ir donde están esos y subastarse para que al vencedor le hagáis una paja, mientras el os puede sobar pero sin meter nada en cualquiera de vuestros agujeritos. Tiempo máximo 10 minutos y solo con la mano se les toca el pito. ¿Alguna se atreve?
Sin decir nada, Ana se fue para donde estaban los pescadores y los reunió. Me miraban y valoraban la chavala que tenían delante. El más mayor se alejo del grupo con Ana; que le bajo la cremallera y empezó a pajearle mientras nos miraba. El hombre le dio un buen repaso tanto al culo, como a la entrepierna. En 5 minutos terminó. Ana vino corriendo hacía nosotros.
Ana.- Amo, su puta solo a podido conseguir 27€ de ese hombre; no traía más.
Yo.- Buen trabajo putita, me has complacido. Venga, vámonos perritas.
Pilar.- Amo, me permite que yo intente superar esa cantidad, por favor.
Yo.- Haz lo que quieras, sabes que no estás obligada.
Pilar salió en dirección a los hombres; ellos la miraban acercarse moviendo ese culo que tan bien utiliza. Los reunió, se sacó una teta y se levanto la falda enseñándoles la mercancía. Los hombres la sobaron y Pilar se alejo unos pocos metros, esperando al que ganara la subasta. Uno se fue con ella y volvimos a ver lo mismo que con Ana. Cuando terminó, vino hacía nosotros sonriendo.
Pilar.- Amo, 42,50€ del calvo. La pena ha sido que el delgaducho me ofrecía 20€ en metálico y 30€ en lotería nacional; se ha quedado muy caliente y jodido el cabrón.
Yo.- Venga, id las dos y que por ese precio, escoja cual de las dos le hará la paja.
Pilar fue la escogida, Ana se vino con el dinero fijado.
Ana.- Lo siento, amo.
Yo.- No te preocupes princesa; esta gente prefiere las mujeres con caderas más anchas y no saben apreciar un culete tan repretado y perfecto como el tuyo (La bese en los labios y sobé su culo)
Ana me sonrió y me puso el culete encima de la polla, mientras veíamos a Pilar pajear al último pescador.
Ana.- Amo, ¿su polla se ha puesto contenta al notar mí culo o por ver a Pilar de pajillera?
Yo.- Y que más da, está contenta y eso debe bastarte; pues ese debe ser tu principal objetivo (le sobé las dos tetas desde su espalda) Eres preciosa, princesa (llenó su pecho con una gran inspiración de satisfacción por el piropo)
Pilar llego, la bese y cogiendo a mis putitas por la cintura seguimos con nuestro paseo. Cuando habíamos recorrido unos 500 metros, repartí el dinero y la lotería entre las dos. Intentaron hablarme, pero las hice callar antes de que empezaran.
Yo.- Esto no es negociable. Ese dinero es vuestro. Si yo cogiera o gastara un solo céntimo de ese dinero, no volvería a venir. Y no quiero que lo volváis a hacer, nunca más. ¿Está claro?
Pilar.- Usted es nuestro amo; usted ordena; nosotras obedecemos.
Ana.- Sí, amo.
Yo.- Mi premio ha sido que me hayáis obedecido. Venga, volvamos al piso; que quiero que os quitéis esa olor a sardina de las manos. Y después follaros como a putas. Igual, hasta os pago un par de euros a cada una. Mejor, a una le daré tres y a la otra uno. ¿Quién ganará?
Las chicas empezaron a hacerme proposiciones indecentes de lo que me harían al llegar al piso; nos reímos mucho y yo estaba en la gloria al ver a dos preciosidades pelearse a ver cual de las dos me dejaba más satisfecho. Esto es el paraíso, no hace falta morir para estar en él.
Llegamos al piso, la ropa volaba por los aires y nos metimos los tres en la ducha; estrechos pero contentos. Primero una buena enjabonada para quitarnos la suciedad; después de aclararnos, otra ración de gel para disfrutar del tacto de mis niñas. Ya limpios y secos, salimos del baño y nos fuimos a la habitación de Pilar que tenía la cama sin deshacer.
Me tumbe en la cama e indique a las jóvenes que me imitaran; en este momento solo me apetecía tenerlas abrazadas, notar su suave y cálida presencia. Acariciar sus espaldas, notar sus besos en mis pezones y pecho. Sus delicadas manos por mi polla y huevos.
Yo.- Esta tarde, me habéis obedecido sin tener obligación de hacerlo; por lo tanto, quiero devolveros mi gratitud. Tenéis mi permiso para solicitarme cualquier cosa que os apetezca. Si me complace, podréis realizarla.
Pilar y Ana se miraron sorprendidas, sonrieron y me miraron a los ojos.
Pilar.- Cualquier cosa, amo.
Yo.- Podéis pedir cualquier cosa; pero no os garantizo que os de permiso para hacerla. No estoy loco.
Pilar.- Cuando usted no está, muchas noches nos hemos pajeado mi hermana y yo pensando en tenerlo atado a usted y follárnoslo. Es una fantasía recurrente que hemos mantenido desde que lo conocimos.
Yo.- Sonreí.
Ana.-No se enfade , amo.
Yo.- Si no me enfado. Y os lo voy a permitir; pero con condiciones. A las 22,15 debo estar en la estación de trenes. Me podréis atar las manos. Deberéis controlar mi excitación; no creo que os guste que a la media hora me corra y después ya no se me levante. Nada de golpes, azotes o dolor. Y creo que no hay nada más; yo también tengo la palabra mágica, si la digo todo parado. Si estáis de acuerdo, ¿cómo me pongo? Las cuerdas están en el salón.
Mis chicas sonrieron maliciosamente.
Pilar.- Gracias, amo. Claro que no le haremos daño; si solo queremos tenerlo atado para sobarlo y follárnoslo; a nuestro aire. Es un encanto de amo, cada vez lo quiero más, amo.
Yo.- Me tendréis que llamar de otra manera, ¿no?
Ana.- Usted es nuestro maravilloso amo, atado o sin atar (me morreó y salió hacía el salón, a buscar las cuerdas)
Las chicas se estaban divirtiendo; hablando entre ellas, como atarme y que hacerme. Yo era feliz, viéndolas a ellas disfrutar. Les indique que tipo de nudo les hacía a ellas para no dejar marcas y no se clavara en las muñecas. Cuando me di cuenta, ya estaba con los brazos en cruz e indefenso ante sus futuros arrebatos. Fueron a por una cámara y hacerme fotos; querían inmortalizar el momento.
Ana tenía toda la cara roja por la excitación; mientras Pilar intentaba organizar la sesión, Ana se tiro a comerme la polla.
Pilar.- Ana, así no. Hay que organizarlo todo. Como hagas que se corra, te doy una hostia.
Ana no respondió y Pilar intento arrebatarle mi rabo de su boca; pero mi princesa parecía un perro de presa. Una bestia, que había probado la sangre y ya le era indispensable para la vida. Pero Pilar era más experta y puso orden en la situación. Se puso de pie junto a la cama, cogió el pelo de Ana y tiro de él. Mi princesa grito, pero se levanto soltando su presa; Pilar la cogió del cuello desde su espalda y apretó.
Pilar.- No voy a permitir que me estropees una tarde con mi amo, atado. O nos organizamos o te encierro en el armario; y sabes, que lo puedo hacer.
Que bien me lo estaba pasando. Mis chicas peleándose por mí. Y mi rabo también estaba contento. Las hermanas parecían que habían llegado a un acuerdo de cómo disfrutarme conjuntamente.
Pilar.- Amo, disculpe este pequeño incidente. No volverá a ocurrir.
Yo sonreí sin decir palabra alguna. Cada una a un lado mío; empezaron a besarme por la cara, cuello y pezones. En ellos se recrearon; mientras una me pajeaba, la otra amasaba mis huevos. Siguieron bajando, mordiéndome por donde pasaban. Ana llego a mi polla que engullo sin delicadeza. Pilar me mordía las ingles y daba algún lametón a mis huevos. Tener dos bocas hambrientas tan cerca de mi polla era inquietantemente maravilloso. Intercambiaron posiciones; Pilar me chupaba la polla mejor: Con su lengua siempre ha sabido volver loco a mi glande. Ana apartó a su hermana y se colocó para hacer un 69.
Pilar.- ¿Y yo qué, miro?
Ana abandonó mi polla y me coloco su coñito en la boca. Empecé a lamerlo; que sabroso y jugoso. Notaba a Pilar mamándome la polla con rapidez. Ana movía sus caderas y me dejaba delante de la boca o su chochete o su ano. Pilar se metió mi polla en su coño; que calentito y acogedor. En estos momentos mis niñas tenían sus tetitas encaradas y seguro que se están morreando y yo aquí abajo sin poder participar.
Bueno, si que participaba. Me estaba comiendo el coñito de una y llenando el chochete de la otra. Es que quisiera estar en todas partes. Ana ya jadeaba con mis lamidas. Se intercambiaron de lugar las hermanitas. Ahora tenía en la boca el carnoso coño de Pilar; y Anita se había metido mi polla en su culo. Que vicio a cogido de tener ocupado su culo mi princesa. Se debió hacer daño, por que se la ha metido muy rápido y ahora la saca. Muy bien Anita, poco a poco es mejor tonta; métetela toda.
Pilar es más mujer, no se anda por las ramas; sabe donde quiere mi lengua y yo la complazco. Aunque el hermoso culo de Pilar me tapa toda la cara, oigo los jadeos de Ana; su ritmo se ha incrementado. La conozco, le falta muy poco y no va a parar. Del chocho de Pilar salen abundantes jugos que bebo con fruición, con deleite. Y oigo un coro celestial de jadeos, risas histéricas y gritos entrecortados. Mis niñas, mis tiernas jovencitas se están corriendo a la vez sobre mí. Hoy es una tarde gloriosa para mí.
Pilar y Ana, abrazadas, caen de lado agotadas por sus respectivos orgasmos. Se besan entre jadeos. Joder, no lo veo bien.
Yo.- ¿Cómo se lo han pasado mis chochetes?
Pilar.- Muy bien, amo.
Ana.- Ahora nos queda ordeñarlo a usted, amo.
Yo.- Y como queréis hacerlo, ordeñadoras putitas.
Pilar.- A dos lenguas y la leche directamente a nuestras bocas.
Ana.- Pero queremos que cuando te corras, lo grites bien fuerte.
Yo.- Fuerte, para que lo oigáis bien vosotras; o fuerte, para que se entere el vecindario.
Ana.- Fuerte para que toda Valencia se entere, que te hemos sacado la leche, las hermanas más putas de Valencia (Sonreí)
Las dos vinieron a besarme en la boca y con sus lenguas degustar el sabor de sus coñitos de mi boca. Que bien besan mis chicas
Pilar.- Mi amo y señor. ¿Preparado para disfrutar?
Yo.- Hacedme lo que vuestras calenturientas mentes os dicten. Zorras de los cojones.
Ana, río maliciosamente al mirarme a los ojos. Pilar me chupaba un pezón mientras, que con la mano, me sobaba los huevos. Ana, como siempre, no perdía el tiempo y ya tenía mi polla en su boca.
Yo.- (Mirando a Pilar) Creo que falta una lengua por allá abajo.
Pilar riño a su hermana por no esperarla. Ya tenía las dos lenguas enrolladas en mi polla y la verdad es que la sensación era grandiosa. O bien, cada joven lamía el lateral de mi polla que tenía delante; o bien, una mamaba la polla y otra lamía los huevos. Después intercambiaban los lugares.
Yo.- La madre que os parió, vaya mamada más buena me estáis dando putitas chupa pollas.
Ana.- Silencio o paramos.
Yo.- Serás golfa (me reí a carcajadas)
Pilar me metió un dedo por el ano, afortunadamente lo había mojado bien. Las hermanas estaban disfrutando viéndome la cara de placer que tenía yo. Aguanté lo que pude y cuando note que si seguían me correría se lo advertí.
Yo.- Si continuáis así, en un minuto me correré.
Ni caso me hicieron, querían su lechita ya. Como dije, al momento empecé a notar que la corrida no se iba a hacer esperar.
Yo.- Me voy a correr malas putas. Abrid vuestras sucias bocas.
Las dos se prepararon y Pilar cogió la polla para dirigirla mejor.
Yo.- (Bien fuerte) Me cooorrrrroooo
El primer golpe de leche lo recibió Ana dentro de su boca; el segundo fue para Pilar. El resto al salir con menos fuerza se quedo resbalando por mi rabo. Pilar me pajeaba delicadamente intentando que saliera hasta la última gota. Las chicas degustaron la leche que les entro en la boca y después se dedicaron a limpiarme la polla con sus lenguas. Después se morrearon.
Yo.- Chicas ha sido genial; sois unas autenticas chupa pollas de primera.
Ana.- Amo, a mi también me ha gustado mucho.
Pilar.- No pararía, amo. ¿Quiere que le traiga pastillitas para que esto no se baje en tres días?
Yo.- Que quieres, desollarla de tanto follar. Seguro que acabaría otra vez en el hospital.
Pilar.- Es cierto, amo. Perdone, no lo recordaba.
Yo.- Tranquila cariño, sé que no me deseas ningún mal.
Ana empezó a desatarme; al verla Pilar, hizo lo mismo con la otra muñeca. Quedé libre y mis niñas se me echaron encima, cada una a un lado. Me llenaron de besos otra vez, tan enfrascados estábamos que no oímos abriese la puerta de la calle. Mis niñas me sobaban todo el cuerpo, me comían los pezones y en ese momento, vi a una mujer sorprendida, en la puerta de la habitación.
Yo.- Hola. ¿Quién eres?
Las dos hermanas giraron las cabezas a ver a quién le hablaba.
La mujer.- Perdón, no sabía ....
La mujer enigmática se retiro rápidamente. Pilar se levanto y salió a buscarla.
Ana.- Es Sandra, la compañera de piso. Dijo que volvería mañana.
Yo.- Tengo sed, vamos a por una cerveza.
Ana.- Es que está Sandra por ahí y vamos desnudos.
Yo.- Que se va a asustar, por ver a un hombre desnudo. De acuerdo, no estoy en mi casa. Tráemela tú, princesa. Por favor.
Pilar.- (Entrando en la habitación sonriendo) Es Sandra, la compañera de piso. Y por lo poco que te ha visto, le has causado buena impresión.
Yo.- Hoy es vuestro día. No pueden haber distracciones; salvo, que vosotras dos lo deseéis. Aunque para poco más de 2 horas que me quedan de estar aquí, no vale la pena.
Pilar.- Solo ha dejado la maleta y ya se ha ido.
Yo.- Mejor cariño; salgamos al salón a que nos dé el aire.
Ana.- Su cerveza, amo.
Yo.- Gracias princesa, eres un encanto. Bueno, valoraciones; ¿Qué os ha parecido atarme?
Pilar.- Me ha gustado, pero me gusta más cuando la atada soy yo. Lo de esta mañana ha sido maravilloso. Sin tocar con las manos, sin ver y sin oír, los otros sentidos se agudizan mucho.
Yo.- Y tú, Ana. ¿Qué tal has pasado la mañana?
Ana.- Al principio mal, por lo del coche. Después como usted me ha perdonado y me ha dejado participar me ha gustado. Lo de los pescadores es un puntazo, me he sentido muy puta. Y esta tarde, con usted atadito, daba mucho morbo.
Yo.- Me alegra que hayáis pasado una buena tarde. Yo también lo he disfrutado mucho zorritas. ¿Qué, nos duchamos?
La ducha fue relajada, nada de sexo, solo caricias, cariñitos y masajes. Todos estábamos saciados.
Nos vestimos y me llevaron a la estación de trenes de Valencia-Nord; les di un gran beso a cada una y me fui a casa.
Continuará.
Se agradecerán comentarios en esta web o
en el email del autor: saltas60@latinmail.com
Si son buenos, para continuar escribiendo.
Si son negativos, para mejorar.
Gracias.
miércoles, 13 de mayo de 2009
D.V. Capítulo IX, una mañana con mis hermanas favoritas
Capítulo IX, una mañana con mis hermanas favoritas
Como podéis ver, no me morí en el anterior capítulo. Solo fue un susto que afortunadamente solo me mantuvo 4 días en el hospital; y que, gracias a que mi pareja estaba de viaje; ni se enteró.
En el hospital era la comidilla de los ociosos enfermos y de las coquetas enfermeras y auxiliares. Y mis tres ángeles, los culos más deseados de la planta de medicina interna. Tuvo que ser Pilar, la que convenció a mi maciza doctora, de que era cierto que había estado tres días follando con tres jovencitas, para que se lo creyera.
Diagnostico: ataque cardiaco por sobre esfuerzo (lo ponía en otras palabras más técnicas)
Recomendaciones: nada de tabaco, menos cervecitas y menos jovencitas.
En todos estos días, algún medicamento raro me habrán dado; ya que, me ha sido imposible empalmarme como dios manda.
Ya con mi vida cotidiana, las erecciones han vuelto a ser normales y el tabaco y las cervecitas más deseadas. Volviendo a lo que estáis esperando, deciros que la cita con las hermanas la retrasamos 2 semanas. Y ya, relato, lo que aconteció.
Había llegado el sábado en el que había quedado con Ana y Pilar. Mi primera intención fue alquilar una habitación doble de un hotel; pero mis chicas me convencieron para ir al piso de estudiantes que comparten con otra chica, que por supuesto no iba a estar.
Llegue a las 8 de la mañana a la estación de trenes de Valencia-Nord. Mis hermanitas me estaban esperando a la salida con su coche. Estaban radiantes, guapas, guapas. Nos abrazamos efusivamente; para quien nos viera, éramos un padre querido, recibido por sus dos hijas, muy contentas por volverlo a ver. Las jovencitas se habían puesto de acuerdo: falda corta, blusas suaves que marcaban sus apetecibles pezones y sandalias. Peinados simples y naturales y poco maquillaje. Vamos, mi ideal de indumentaria y aspecto fresco.
Yo.- ¿A quién le ha tocado conducir?
Pilar.- A mí, amo.
Dándole una palmada al culo de Pilar, doy por iniciada la marcha a su piso. Me siento en el lugar del copiloto y mientras me preguntan por mi salud yo bromeo con la muerte, ángeles y demonios. Soy ateo convencido; así que, poco me importa la muerte. Me preocupa, el antes de la muerte.
Yo.- Ana, ¿me has estado reservando ese magnífico culito que tanto me gusta o se lo has dado a tu novio?
Ana.- A mi novio no le dejo ni mirármelo, amo. Sabe que es suyo y solo suyo; ya estoy deseando que me lo ensanche con su gorda polla.
Yo.- Cállate Ana, que me estas poniendo ya caliente, guarrilla mala.
Ana río con sus suaves carcajadas. Desde el asiento de atrás, me beso en la calva.
Yo.- Y tú, Pilar. ¿Tienes ese coñito todavía pelón para mi? y ¿a cuantos te has follado?
Pilar.- El chochete lo llevo recién depilado como le encanta a mi amo y señor. Y en estos días, solo me he beneficiado a una amiga; estando las dos borrachillas, después de una fiesta.
Yo.- Que lástima no haber estado allí, para veros y meterme en medio (le puse la mano encima del muslo a Pilar) ¿Te gustan más las mujeres ahora?
Ana.- Dijimos que nada de nada durante el viaje y le estás sobando el muslo, amo.
Yo.- Cállate Ana, no seas niña.
Ana.- Pero es que yo también quiero que me sobes.
Yo.- (Sin alzar la voz) ¿Con quién crees que estás hablando? ¿con tus padres, con tus profesores? Soy tu amo y te he dicho que te calles.
Ana.- Pero es que .......
Yo.- Pilar, para el coche. Ana, bájate del coche y vete.
Ana.- (Sollozando) No me haga eso, amo.
Yo.- Que te bajes, Ana.
Pilar.- Amo, le suplico que la deje venir; y así podrá castigarla durante todo el día, si así lo considera oportuno.
Ana seguía llorando abiertamente.
Yo.-Vas a recibir azotes nada más entrar en el piso. No dirás ni una sola palabra; a menos, que yo te lo ordene.
Yo.- Ana, dale las gracias a tu hermana, por que si no es por ella, ya no estarías aquí.
Ana.- Gracias, Pilar.
Yo.- Vámonos hacía el piso Pilar. Ana, estás perdiendo muchos puntos. Si sigues así, con no volver a llamarte a ti, en paz. Y no digas ni una sola palabra.
Llegamos al piso de las chicas. Pequeño pero luminoso y muy alegre la decoración.
Yo.- Ana, desnúdate.
Ana se desnudo y llorando se puso delante de mí. Iba a hablarme, pero rápidamente la hice callar.
Yo.- Como digas una sola palabra, te vas o me voy yo, ya que esta no es mi casa. Elige, o no dices una sola palabra hasta que nos pongamos a comer o te vas.
Ana, agacho la cabeza llorando en silencio. Me senté en una silla y cogiendo a Ana del brazo la hice tumbarse sobre mis rodillas. Apareció ante mí el culito más querido. Lo amasé, pellizqué y disfruté de sus bellas formas y dureza sin igual. Levante mi mano en el aire y azoté una nalga.
Yo.- Faltan 3, mala puta; como te atreves a contradecirme.
Sonó otro azote.
Yo.- Faltan 2, guarra; así me demuestras respeto.
Otro azote alcanzo la dura nalga de Ana.
Yo.- Falta 1, imbécil; estás consiguiendo que te pierda todo el cariño que te tenía.
Mi mano se volvió a estrellar contra el culo de mi princesa.
Yo.- Ya esta ejecutado el castigo; ya estarás contenta de fastidiarme el inicio de la mañana. Tenía pensado follaros a las dos a la vez; pero eso que va a ganar tu hermana. Voy a visitar todos sus agujeritos con mi polla; a ti, ya veré si me apetece más tarde. Mierda de cría. Hay que tener autocontrol y no actuar como una niña maleducada.
Ana seguía llorando en silencio.
Yo.- Pilar, ¿qué haces todavía vestida? Venga, que quiero ver ese cuerpazo de puta que tienes, cariño.
Pilar.- Mi amo y señor, mi hermana y yo nos hemos puesto una nueva crema corporal, que espero le guste lo suave que nos ha dejado la piel. Por cierto, la idea fue de mi hermana y ella la compro.
Yo.- Muchas gracias a las dos. Por esto y por lo bien que me cuidasteis en el hospital. Voy a levantar el castigo a Ana, no quiero estar enfadado el primer día que estamos juntos. Ana, te libras por esta vez; pero voy a medir tus acciones de forma severa.
Ana se abrazó a mis piernas, dándome besos en los zapatos.
Yo.- Venga, desnudarme entre las dos, que quiero sentir vuestras sucias lenguas sobre mi piel.
Pilar me quitaba la chaqueta y camisa, mientras Ana se deshacía de mis zapatos y pantalones. Cogí del pelo a Ana, izándola hasta que se puso de pie; la besé con lengua incluida. Pilar me lamía el cuello y nuca.
Yo.- Vamos a una cama grande, y que se pueda atar a la puta de Pilar en cruz. (Hablándole al oído a Pilar) Quiero tenerte atada putita y te azotaré tetas y culo.
Pilar.- Para eso estoy aquí; para servirle y que usted me use a su antojo, amo.
Yo.- ¿Y con Anita que haré? (mirándola a los ojos) De momento serás mi ayudante para hacer berrear a la zorra de Pilar.
Me llevaron a una habitación que resulto ser la de Ana; y fue ella, la que me mostró unas fotografías pegadas a la pared. Eran las imágenes que le había tomado a Ana el primer día que nos conocimos; completamente atada y con mi polla en su culo.
Yo.- Ana, ¿y si tu novio ve estas imágenes?
Ana.- Ya las ha visto, y sabe que mi culo no es suyo. Si no está conforme, ¡puerta! Lo mando a paseo.
Yo.- Pobrecito Andrés. Tocar este culo, y no poder romperlo (amasando las nalgas de la putita)
Bese a Pilar en los labios y la empuje hacía la cama; cayo sobre ella, sonriendo, y ya con los brazos en cruz. Traje los diversos artilugios que me había traído para disfrutar de este día. Até cada una de las muñecas de Pilar a las patas delanteras de la cama de Ana. Ya tenía a Pilar a mi entera disposición.
Yo.- Hoy vamos a hacer cosas nuevas, cariño (le tape los ojos con un antifaz)
Pilar.- Gracias, amo.
Yo.- Ya veremos si después me das las gracias.
Le puse tapones para los oídos, en cada una de sus orejas. Y después, unos auriculares inalámbricos donde se escuchaban sonidos de la naturaleza, de manera continua. Quería aislarla de donde se encontraba. No nos veía ni nos oía; quería que se le potenciara el olfato y el tacto.
Yo.- Ana, lámele los dedos de los pies, princesa.
Yo me aproximo a sus labios, soplo ligeramente sobre ellos. Pilar se da cuenta y abre su boca; saca su lengua y se humedece los labios de forma lasciva. Le paso mi lengua por sus mejillas; le sujeto su cabeza, no quiero que la mueva para buscar mi boca. Lamo su cuello, despacio, muy despacio. Sus pezones ya se han endurecido. Llamo a Ana para que se morree con su hermana. Mi pequeña es una autentica puta, le pone pasión al comerse los morros de Pilar. Las veo, disfruto de la calidez de las pieles de mis niñas. Se rozan las tetas de las dos hermanas.
Pilar.- ¡Ana!!!
Retuerzo uno de los pezones de Pilar; su espalda se levanta por el placer recibido. Lamo el pezón dañado y los primeros jadeos de Pilar resuenan en la habitación. Al no oírse a si misma, el tono de su voz es más alto. Paso a Ana al coño de Pilar y yo me recreo, otra vez, en su deliciosa boca.
Pilar.- Amo, me gusta.
Le doy un pequeño bofetón, ella me saca la lengua en plan guarra. Se la muerdo y la mantengo fuera de su boca. Cierro mi mano alrededor de su cuello, apretando un poco. No le impido la respiración, se la dificulto simplemente. Al mismo tiempo la morreo. Más jadeos de Pilar, su excitación está acelerándose en demasía. Aparto a Ana del coño de Pilar.
Yo.- Ana, chúpame la polla, princesa.
Ana.-. Será un placer, amo.
Mientras beso a Pilar, con la mano derecha acaricio su coño; separo sus labios mayores y meto un dedo, que resbala hacía el interior de la vagina gracias a sus propios flujos y la saliva de Ana. Pilar abre las piernas exageradamente, para permitirme una mejor entrada a su interior. Escupo en la cara de Pilar.
Yo.- Gracias Ana, eres fenomenal mamándome la polla (la beso con lengua, para notar el sabor de mi verga) Tráeme un cubito de hielo, princesita mía.
Ana quizás recuerde, lo que le hice a ella el primer día; sonríe maliciosamente.
Me sitúo arrodillado entre las piernas de Pilar, ella al notarme eleva las piernas con intención de atraparme, no la dejo, evidentemente. Le doblo sus piernas hasta situarlas sobre su estómago; vaya espectáculo de vulva y ano, ofreciéndoseme. Le doy una palmada encima de su vulva; un pelín fuerte. Entre grito y jadeo emite mi chochete favorito, al haberla cogido por sorpresa ese mini azote en el coño. Le doy otro.
Pilar.- Amo, más amo. Fólleme ya.
Paso mi glande sobre los labios mayores del coño, separándolos y mostrándome la entrada chorrosa de la vagina y un inflamado clítoris. Pilar movía sus caderas presuponiendo la cercana penetración.
Pilar.- Por favor, amo. Fólleme, amo.
Bajé mi glande hasta el ano y lo encaré en él. Apreté y entró casi todo el capullo. Pilar, dio un pequeño chillido de queja lastimera, pero cuando volvió a coger aire sus pulmones lo que oí fue un largo suspiro. Apreté otra vez y otra, la mitad de mi polla entro en aquel sedoso culo.
Pilar.- Toda, amo. Métamela toda y fuerte; fólleme fuerte, amo. Pártame el culo, su culo por siempre.
Le hice caso, y como vulgarmente se dice, se la metí hasta los cojones; donde permanecí un momento, recreándome de la suave caricia que me trasmitía el ano de Pilar. Aunque el primer esfínter me apretaba un poco más de la cuenta; prueba de que ese culito no se había comido nada en los últimos días. Empecé a moverme afuera y adentro, disfrutando de los gestos que mostraba Pilar en su cara. Tenía a Ana a mi lado, la bese y jugueteamos con nuestras lenguas.
Yo.- Ana, pásale el hielo alrededor de los labios mayores.
Cuando Ana toco la ingle con el cubito de hielo a Pilar se le bloqueo la respiración por la impresión. Y un fuerte suspiro ronco, salió de su boca. Yo no detuve las penetraciones. Cuando Ana rodeo toda la vulva con el hielo, hice que lo apartara. Aceleré las penetraciones con fuerza. Pilar jadeaba con la boca abierta.
Yo.- Ana, escúpele en la cara. Si es posible que las gotas de saliva le mojen toda la cara; así es que, sepárate un poco de ella.
Como Pilar no nos escuchaba, podíamos hablar tranquilamente y así la cogeríamos por sorpresa, siempre en nuestras actuaciones. Cuando Ana escupió en la cara a Pilar, ésta saco la lengua a relamerse la saliva de su cara.
Yo.- Ana, hielo en su teta.
Otro susto para Pilar cuando noto el frío en su pecho. Jadeos y más jadeos, ya no paraba y había que cortar su excitación.
Yo.-Ana, cuando saque la polla del culo, mete el cubito en su ano; no lo introduzcas, demasiado y deja la mano para que no lo expulse.
Ana.- Como me divierto, amo.
Yo.- Es que eres mala, princesa.
Saque mi polla del ano de Pilar; y antes de que protestara por este hecho, Ana hizo lo que le ordene. Las caderas de Pilar se movieron intentando expulsar al invasor hielo.
Pilar.- No, amo. Su polla, quiero su polla, me va a volver loca. ¡¡Quema!!
Acerque mi verga al ano y cuando Ana aparto la mano, se la metí de un solo golpe, introduciendo el hielo en su intestino. Otro enorme jadeo de Pilar, le iba a dejar terminar, ya llevábamos rato jugando con su excitación.
Yo.-. Ana, ve a morrearla; que cuando se corra, esto será un escándalo público.
Al no oírse, gritará demasiado.
El buen nombre de mis niñas en el vecindario, no tiene por que verse empañado. Aceleré las penetraciones, dándole más fuerza si cabe. Los jugos vaginales de Pilar salían entre sus labios mayores. Empezó a gritar y Ana le cerro la boca con la propia. Como tiraba de las cuerdas, era impresionante ver como las cuerdas se clavaban en la cama, y eso que el colchón era duro. Las piernas también eran un peligro por la vitalidad con que las movía. El esfínter de Pilar se apegaba a mi polla y salía de ella intentando que no sacara mi verga de la cuevecita. Se arqueo la espalda de Pilar, con sus manos cogía las cuerdas y llego su orgasmo, su placer. Mi victoria.
Pilar se fue relajando y entonces es cuando me di cuenta de lo mojados que estábamos los dos por sus fluidos. Saque mi polla de su ano y metí dos dedos en su coño. Ahora empezaba por este lugar tan cálido y empapado. Los dejé quietos hasta que Pilar recuperara más conciencia.
Al rato, Pilar dio muestras de haberse espabilado; inicié unas penetraciones muy lentamente con mis dos dedos en su coño.
Pilar.- Gracias, amo. Como me gusta que esté dentro de mí.
Durante los movimientos de mis dedos empecé a frotarlos con la pared superior y los jadeos no se hicieron esperar. Hasta sus caderas adquirieron movimientos rítmicos. La excitación de Pilar no había descendido tanto como yo creía. Retire mis dedos y le apliqué dos azotes a su vulva; gritó de gusto y quizás algo por la sorpresa.
Pilar.- Amo, fólleme.
La abofeteé, ella abría la boca; le metí los dos dedos, empapados en sus flujos, en la boca. Apunte y le metí la polla en su coño de una sola embestida. Levanto sus sudorosas caderas, me atrapo con sus piernas alrededor de la cintura. Quité mis dedos de su boca y le azote una teta, luego la otra. A los pocos minutos su vagina se contraía alrededor de mi polla y poco después, se corría con desesperación.
Ana.- Bien amo. A dejado a la puta de mi hermana para el arrastre.
Saque mi polla de Pilar y Ana se abalanzó a mamármela. Cuando la limpio de los jugos de su hermana, me sonrió e intento besarme.
Yo.- Túmbate sobre tu hermana, boca arriba, guarra.
Ana, deseosa de agradarme cumplió mi exigencia rápidamente. Separó sus piernas, imaginándose lo que venía a continuación. Con mi glande recorrí desde su ano, hasta su clítoris, dándole suaves golpecitos. Ana me miraba a los ojos, con lujuria, con desesperación por que acabara con los jueguecitos y se la metiera.
Yo.- Cógete a las cuerdas que sujetan a Pilar. Como te sueltes en algún momento, te la sacaré y hasta la tarde no tendrás polla. ¿Entendiste?
Ana.- Sí, amo.
Apunté a su coño y entró, gracias a la gran cantidad de flujos vaginales que emitía Ana. Di algunas penetraciones y le azote una de las tetas; a Ana debió gustarle, pues levanto el pecho para que las tuviera a mi disposición. Varios minutos de bombeos profundos y le hice dar la vuelta.
Yo.- A morrearte con tu hermana, cerda de mierda. Y levanta ese culete, que te la voy a meter de golpe.
Ana y Pilar empezaron a besarse como si les fuera la vida en ello. El ano de Ana estaba delante de mí, rosadito, cerradito; pero eso iba a cambiar. Azoté, fuerte, una nalga de Ana; no sé si por la excitación de la muchacha, o por lo que fuera pero a mi princesa no se le noto queja alguna. Encaré mi polla en su anito y empuje con determinación. Ahora sí se quejo; su esfínter intentaba cerrarse para protegerse del intruso que pretendía asaltarlo. En vano lo intento, a la segunda acometida entro casi la mitad. La zorrita de Ana, todavía mantenía levantado el culo; tiene mucho vicio esta jovencita. La cogí por sus caderas y apreté con fuerza, hasta el fondo; no había más. Azoté sus nalgas a cada jadeo de Ana. 5 minutos más tarde, llego su fuerte orgasmo. Me salí de ella y observe la imagen de los coñitos hermanos juntitos y el ano superior abierto completamente. La cámara de fotos se quedo en mi casa, un olvido que lamenté.
Yo.- Ana, quítate.
Me subí las piernas de Pilar a los hombros; sus orificios los tenía a mi entera disposición. ¿Por cual me decidiría? La metí toda, estaba calentito su ano. Quería correrme dentro de ella.
Pilar.- Amo, gracias por acordarse de esta sucia puta.
Las penetraciones fueron lentas al principio, y poco a poco, aumentaron en velocidad. Pilar jadeaba, yo sudaba; los dos llegábamos a nuestro orgasmo. Le quité el antifaz y los auriculares; quería verle la cara cuando me corriera dentro de su culo. Ella me sonrío cuando su vista se acostumbró a la luz.
Pilar.- Gracias, amo. Seré suya por siempre.
Yo.- Te voy a llenar el culo de leche, mala puta.
Pilar.- Sí, amo. Gracias mi señor.
Aceleré las embestidas, mi chica se estaba corriendo; y yo, liberado de la espera , me deje llevar por el placer, eyaculé dentro de mi amorcito. Cuanto había echado de menos esta piel tan suave, tan sedosa entre mis manos, esta sinceridad en la cama de la juventud. Salí de mi chica y la leche comenzó a fluir por su ano.
Yo.- Ana, límpialo princesa.
La hermana de Pilar, dudo solo unos segundos y se aplicó a obedecer. Cuando dejo el ano bien limpito la bese con lengua; deguste en un mismo lugar mi semen, la saliva de Ana y el ano de Pilar. Poesía pura.
Desaté a Pilar y nos fundimos en un entrañable abrazo entre los tres.
Yo.- A la ducha marranas (reímos todos)
Nos duchamos profundamente y volví a disfrutar de las juveniles pieles de mis hermanitas. Eran las 13,00 horas, tenía hambre.
Salimos a comer a un restaurante cercano al piso; quería una cerveza bien fría y un cigarro con urgencia.
Yo.- Pilar, ¿quién es con la que te liaste?
Pilar.- Se llama Sandra, es venezolana y es nuestra compañera de piso.
Como podéis ver, no me morí en el anterior capítulo. Solo fue un susto que afortunadamente solo me mantuvo 4 días en el hospital; y que, gracias a que mi pareja estaba de viaje; ni se enteró.
En el hospital era la comidilla de los ociosos enfermos y de las coquetas enfermeras y auxiliares. Y mis tres ángeles, los culos más deseados de la planta de medicina interna. Tuvo que ser Pilar, la que convenció a mi maciza doctora, de que era cierto que había estado tres días follando con tres jovencitas, para que se lo creyera.
Diagnostico: ataque cardiaco por sobre esfuerzo (lo ponía en otras palabras más técnicas)
Recomendaciones: nada de tabaco, menos cervecitas y menos jovencitas.
En todos estos días, algún medicamento raro me habrán dado; ya que, me ha sido imposible empalmarme como dios manda.
Ya con mi vida cotidiana, las erecciones han vuelto a ser normales y el tabaco y las cervecitas más deseadas. Volviendo a lo que estáis esperando, deciros que la cita con las hermanas la retrasamos 2 semanas. Y ya, relato, lo que aconteció.
Había llegado el sábado en el que había quedado con Ana y Pilar. Mi primera intención fue alquilar una habitación doble de un hotel; pero mis chicas me convencieron para ir al piso de estudiantes que comparten con otra chica, que por supuesto no iba a estar.
Llegue a las 8 de la mañana a la estación de trenes de Valencia-Nord. Mis hermanitas me estaban esperando a la salida con su coche. Estaban radiantes, guapas, guapas. Nos abrazamos efusivamente; para quien nos viera, éramos un padre querido, recibido por sus dos hijas, muy contentas por volverlo a ver. Las jovencitas se habían puesto de acuerdo: falda corta, blusas suaves que marcaban sus apetecibles pezones y sandalias. Peinados simples y naturales y poco maquillaje. Vamos, mi ideal de indumentaria y aspecto fresco.
Yo.- ¿A quién le ha tocado conducir?
Pilar.- A mí, amo.
Dándole una palmada al culo de Pilar, doy por iniciada la marcha a su piso. Me siento en el lugar del copiloto y mientras me preguntan por mi salud yo bromeo con la muerte, ángeles y demonios. Soy ateo convencido; así que, poco me importa la muerte. Me preocupa, el antes de la muerte.
Yo.- Ana, ¿me has estado reservando ese magnífico culito que tanto me gusta o se lo has dado a tu novio?
Ana.- A mi novio no le dejo ni mirármelo, amo. Sabe que es suyo y solo suyo; ya estoy deseando que me lo ensanche con su gorda polla.
Yo.- Cállate Ana, que me estas poniendo ya caliente, guarrilla mala.
Ana río con sus suaves carcajadas. Desde el asiento de atrás, me beso en la calva.
Yo.- Y tú, Pilar. ¿Tienes ese coñito todavía pelón para mi? y ¿a cuantos te has follado?
Pilar.- El chochete lo llevo recién depilado como le encanta a mi amo y señor. Y en estos días, solo me he beneficiado a una amiga; estando las dos borrachillas, después de una fiesta.
Yo.- Que lástima no haber estado allí, para veros y meterme en medio (le puse la mano encima del muslo a Pilar) ¿Te gustan más las mujeres ahora?
Ana.- Dijimos que nada de nada durante el viaje y le estás sobando el muslo, amo.
Yo.- Cállate Ana, no seas niña.
Ana.- Pero es que yo también quiero que me sobes.
Yo.- (Sin alzar la voz) ¿Con quién crees que estás hablando? ¿con tus padres, con tus profesores? Soy tu amo y te he dicho que te calles.
Ana.- Pero es que .......
Yo.- Pilar, para el coche. Ana, bájate del coche y vete.
Ana.- (Sollozando) No me haga eso, amo.
Yo.- Que te bajes, Ana.
Pilar.- Amo, le suplico que la deje venir; y así podrá castigarla durante todo el día, si así lo considera oportuno.
Ana seguía llorando abiertamente.
Yo.-Vas a recibir azotes nada más entrar en el piso. No dirás ni una sola palabra; a menos, que yo te lo ordene.
Yo.- Ana, dale las gracias a tu hermana, por que si no es por ella, ya no estarías aquí.
Ana.- Gracias, Pilar.
Yo.- Vámonos hacía el piso Pilar. Ana, estás perdiendo muchos puntos. Si sigues así, con no volver a llamarte a ti, en paz. Y no digas ni una sola palabra.
Llegamos al piso de las chicas. Pequeño pero luminoso y muy alegre la decoración.
Yo.- Ana, desnúdate.
Ana se desnudo y llorando se puso delante de mí. Iba a hablarme, pero rápidamente la hice callar.
Yo.- Como digas una sola palabra, te vas o me voy yo, ya que esta no es mi casa. Elige, o no dices una sola palabra hasta que nos pongamos a comer o te vas.
Ana, agacho la cabeza llorando en silencio. Me senté en una silla y cogiendo a Ana del brazo la hice tumbarse sobre mis rodillas. Apareció ante mí el culito más querido. Lo amasé, pellizqué y disfruté de sus bellas formas y dureza sin igual. Levante mi mano en el aire y azoté una nalga.
Yo.- Faltan 3, mala puta; como te atreves a contradecirme.
Sonó otro azote.
Yo.- Faltan 2, guarra; así me demuestras respeto.
Otro azote alcanzo la dura nalga de Ana.
Yo.- Falta 1, imbécil; estás consiguiendo que te pierda todo el cariño que te tenía.
Mi mano se volvió a estrellar contra el culo de mi princesa.
Yo.- Ya esta ejecutado el castigo; ya estarás contenta de fastidiarme el inicio de la mañana. Tenía pensado follaros a las dos a la vez; pero eso que va a ganar tu hermana. Voy a visitar todos sus agujeritos con mi polla; a ti, ya veré si me apetece más tarde. Mierda de cría. Hay que tener autocontrol y no actuar como una niña maleducada.
Ana seguía llorando en silencio.
Yo.- Pilar, ¿qué haces todavía vestida? Venga, que quiero ver ese cuerpazo de puta que tienes, cariño.
Pilar.- Mi amo y señor, mi hermana y yo nos hemos puesto una nueva crema corporal, que espero le guste lo suave que nos ha dejado la piel. Por cierto, la idea fue de mi hermana y ella la compro.
Yo.- Muchas gracias a las dos. Por esto y por lo bien que me cuidasteis en el hospital. Voy a levantar el castigo a Ana, no quiero estar enfadado el primer día que estamos juntos. Ana, te libras por esta vez; pero voy a medir tus acciones de forma severa.
Ana se abrazó a mis piernas, dándome besos en los zapatos.
Yo.- Venga, desnudarme entre las dos, que quiero sentir vuestras sucias lenguas sobre mi piel.
Pilar me quitaba la chaqueta y camisa, mientras Ana se deshacía de mis zapatos y pantalones. Cogí del pelo a Ana, izándola hasta que se puso de pie; la besé con lengua incluida. Pilar me lamía el cuello y nuca.
Yo.- Vamos a una cama grande, y que se pueda atar a la puta de Pilar en cruz. (Hablándole al oído a Pilar) Quiero tenerte atada putita y te azotaré tetas y culo.
Pilar.- Para eso estoy aquí; para servirle y que usted me use a su antojo, amo.
Yo.- ¿Y con Anita que haré? (mirándola a los ojos) De momento serás mi ayudante para hacer berrear a la zorra de Pilar.
Me llevaron a una habitación que resulto ser la de Ana; y fue ella, la que me mostró unas fotografías pegadas a la pared. Eran las imágenes que le había tomado a Ana el primer día que nos conocimos; completamente atada y con mi polla en su culo.
Yo.- Ana, ¿y si tu novio ve estas imágenes?
Ana.- Ya las ha visto, y sabe que mi culo no es suyo. Si no está conforme, ¡puerta! Lo mando a paseo.
Yo.- Pobrecito Andrés. Tocar este culo, y no poder romperlo (amasando las nalgas de la putita)
Bese a Pilar en los labios y la empuje hacía la cama; cayo sobre ella, sonriendo, y ya con los brazos en cruz. Traje los diversos artilugios que me había traído para disfrutar de este día. Até cada una de las muñecas de Pilar a las patas delanteras de la cama de Ana. Ya tenía a Pilar a mi entera disposición.
Yo.- Hoy vamos a hacer cosas nuevas, cariño (le tape los ojos con un antifaz)
Pilar.- Gracias, amo.
Yo.- Ya veremos si después me das las gracias.
Le puse tapones para los oídos, en cada una de sus orejas. Y después, unos auriculares inalámbricos donde se escuchaban sonidos de la naturaleza, de manera continua. Quería aislarla de donde se encontraba. No nos veía ni nos oía; quería que se le potenciara el olfato y el tacto.
Yo.- Ana, lámele los dedos de los pies, princesa.
Yo me aproximo a sus labios, soplo ligeramente sobre ellos. Pilar se da cuenta y abre su boca; saca su lengua y se humedece los labios de forma lasciva. Le paso mi lengua por sus mejillas; le sujeto su cabeza, no quiero que la mueva para buscar mi boca. Lamo su cuello, despacio, muy despacio. Sus pezones ya se han endurecido. Llamo a Ana para que se morree con su hermana. Mi pequeña es una autentica puta, le pone pasión al comerse los morros de Pilar. Las veo, disfruto de la calidez de las pieles de mis niñas. Se rozan las tetas de las dos hermanas.
Pilar.- ¡Ana!!!
Retuerzo uno de los pezones de Pilar; su espalda se levanta por el placer recibido. Lamo el pezón dañado y los primeros jadeos de Pilar resuenan en la habitación. Al no oírse a si misma, el tono de su voz es más alto. Paso a Ana al coño de Pilar y yo me recreo, otra vez, en su deliciosa boca.
Pilar.- Amo, me gusta.
Le doy un pequeño bofetón, ella me saca la lengua en plan guarra. Se la muerdo y la mantengo fuera de su boca. Cierro mi mano alrededor de su cuello, apretando un poco. No le impido la respiración, se la dificulto simplemente. Al mismo tiempo la morreo. Más jadeos de Pilar, su excitación está acelerándose en demasía. Aparto a Ana del coño de Pilar.
Yo.- Ana, chúpame la polla, princesa.
Ana.-. Será un placer, amo.
Mientras beso a Pilar, con la mano derecha acaricio su coño; separo sus labios mayores y meto un dedo, que resbala hacía el interior de la vagina gracias a sus propios flujos y la saliva de Ana. Pilar abre las piernas exageradamente, para permitirme una mejor entrada a su interior. Escupo en la cara de Pilar.
Yo.- Gracias Ana, eres fenomenal mamándome la polla (la beso con lengua, para notar el sabor de mi verga) Tráeme un cubito de hielo, princesita mía.
Ana quizás recuerde, lo que le hice a ella el primer día; sonríe maliciosamente.
Me sitúo arrodillado entre las piernas de Pilar, ella al notarme eleva las piernas con intención de atraparme, no la dejo, evidentemente. Le doblo sus piernas hasta situarlas sobre su estómago; vaya espectáculo de vulva y ano, ofreciéndoseme. Le doy una palmada encima de su vulva; un pelín fuerte. Entre grito y jadeo emite mi chochete favorito, al haberla cogido por sorpresa ese mini azote en el coño. Le doy otro.
Pilar.- Amo, más amo. Fólleme ya.
Paso mi glande sobre los labios mayores del coño, separándolos y mostrándome la entrada chorrosa de la vagina y un inflamado clítoris. Pilar movía sus caderas presuponiendo la cercana penetración.
Pilar.- Por favor, amo. Fólleme, amo.
Bajé mi glande hasta el ano y lo encaré en él. Apreté y entró casi todo el capullo. Pilar, dio un pequeño chillido de queja lastimera, pero cuando volvió a coger aire sus pulmones lo que oí fue un largo suspiro. Apreté otra vez y otra, la mitad de mi polla entro en aquel sedoso culo.
Pilar.- Toda, amo. Métamela toda y fuerte; fólleme fuerte, amo. Pártame el culo, su culo por siempre.
Le hice caso, y como vulgarmente se dice, se la metí hasta los cojones; donde permanecí un momento, recreándome de la suave caricia que me trasmitía el ano de Pilar. Aunque el primer esfínter me apretaba un poco más de la cuenta; prueba de que ese culito no se había comido nada en los últimos días. Empecé a moverme afuera y adentro, disfrutando de los gestos que mostraba Pilar en su cara. Tenía a Ana a mi lado, la bese y jugueteamos con nuestras lenguas.
Yo.- Ana, pásale el hielo alrededor de los labios mayores.
Cuando Ana toco la ingle con el cubito de hielo a Pilar se le bloqueo la respiración por la impresión. Y un fuerte suspiro ronco, salió de su boca. Yo no detuve las penetraciones. Cuando Ana rodeo toda la vulva con el hielo, hice que lo apartara. Aceleré las penetraciones con fuerza. Pilar jadeaba con la boca abierta.
Yo.- Ana, escúpele en la cara. Si es posible que las gotas de saliva le mojen toda la cara; así es que, sepárate un poco de ella.
Como Pilar no nos escuchaba, podíamos hablar tranquilamente y así la cogeríamos por sorpresa, siempre en nuestras actuaciones. Cuando Ana escupió en la cara a Pilar, ésta saco la lengua a relamerse la saliva de su cara.
Yo.- Ana, hielo en su teta.
Otro susto para Pilar cuando noto el frío en su pecho. Jadeos y más jadeos, ya no paraba y había que cortar su excitación.
Yo.-Ana, cuando saque la polla del culo, mete el cubito en su ano; no lo introduzcas, demasiado y deja la mano para que no lo expulse.
Ana.- Como me divierto, amo.
Yo.- Es que eres mala, princesa.
Saque mi polla del ano de Pilar; y antes de que protestara por este hecho, Ana hizo lo que le ordene. Las caderas de Pilar se movieron intentando expulsar al invasor hielo.
Pilar.- No, amo. Su polla, quiero su polla, me va a volver loca. ¡¡Quema!!
Acerque mi verga al ano y cuando Ana aparto la mano, se la metí de un solo golpe, introduciendo el hielo en su intestino. Otro enorme jadeo de Pilar, le iba a dejar terminar, ya llevábamos rato jugando con su excitación.
Yo.-. Ana, ve a morrearla; que cuando se corra, esto será un escándalo público.
Al no oírse, gritará demasiado.
El buen nombre de mis niñas en el vecindario, no tiene por que verse empañado. Aceleré las penetraciones, dándole más fuerza si cabe. Los jugos vaginales de Pilar salían entre sus labios mayores. Empezó a gritar y Ana le cerro la boca con la propia. Como tiraba de las cuerdas, era impresionante ver como las cuerdas se clavaban en la cama, y eso que el colchón era duro. Las piernas también eran un peligro por la vitalidad con que las movía. El esfínter de Pilar se apegaba a mi polla y salía de ella intentando que no sacara mi verga de la cuevecita. Se arqueo la espalda de Pilar, con sus manos cogía las cuerdas y llego su orgasmo, su placer. Mi victoria.
Pilar se fue relajando y entonces es cuando me di cuenta de lo mojados que estábamos los dos por sus fluidos. Saque mi polla de su ano y metí dos dedos en su coño. Ahora empezaba por este lugar tan cálido y empapado. Los dejé quietos hasta que Pilar recuperara más conciencia.
Al rato, Pilar dio muestras de haberse espabilado; inicié unas penetraciones muy lentamente con mis dos dedos en su coño.
Pilar.- Gracias, amo. Como me gusta que esté dentro de mí.
Durante los movimientos de mis dedos empecé a frotarlos con la pared superior y los jadeos no se hicieron esperar. Hasta sus caderas adquirieron movimientos rítmicos. La excitación de Pilar no había descendido tanto como yo creía. Retire mis dedos y le apliqué dos azotes a su vulva; gritó de gusto y quizás algo por la sorpresa.
Pilar.- Amo, fólleme.
La abofeteé, ella abría la boca; le metí los dos dedos, empapados en sus flujos, en la boca. Apunte y le metí la polla en su coño de una sola embestida. Levanto sus sudorosas caderas, me atrapo con sus piernas alrededor de la cintura. Quité mis dedos de su boca y le azote una teta, luego la otra. A los pocos minutos su vagina se contraía alrededor de mi polla y poco después, se corría con desesperación.
Ana.- Bien amo. A dejado a la puta de mi hermana para el arrastre.
Saque mi polla de Pilar y Ana se abalanzó a mamármela. Cuando la limpio de los jugos de su hermana, me sonrió e intento besarme.
Yo.- Túmbate sobre tu hermana, boca arriba, guarra.
Ana, deseosa de agradarme cumplió mi exigencia rápidamente. Separó sus piernas, imaginándose lo que venía a continuación. Con mi glande recorrí desde su ano, hasta su clítoris, dándole suaves golpecitos. Ana me miraba a los ojos, con lujuria, con desesperación por que acabara con los jueguecitos y se la metiera.
Yo.- Cógete a las cuerdas que sujetan a Pilar. Como te sueltes en algún momento, te la sacaré y hasta la tarde no tendrás polla. ¿Entendiste?
Ana.- Sí, amo.
Apunté a su coño y entró, gracias a la gran cantidad de flujos vaginales que emitía Ana. Di algunas penetraciones y le azote una de las tetas; a Ana debió gustarle, pues levanto el pecho para que las tuviera a mi disposición. Varios minutos de bombeos profundos y le hice dar la vuelta.
Yo.- A morrearte con tu hermana, cerda de mierda. Y levanta ese culete, que te la voy a meter de golpe.
Ana y Pilar empezaron a besarse como si les fuera la vida en ello. El ano de Ana estaba delante de mí, rosadito, cerradito; pero eso iba a cambiar. Azoté, fuerte, una nalga de Ana; no sé si por la excitación de la muchacha, o por lo que fuera pero a mi princesa no se le noto queja alguna. Encaré mi polla en su anito y empuje con determinación. Ahora sí se quejo; su esfínter intentaba cerrarse para protegerse del intruso que pretendía asaltarlo. En vano lo intento, a la segunda acometida entro casi la mitad. La zorrita de Ana, todavía mantenía levantado el culo; tiene mucho vicio esta jovencita. La cogí por sus caderas y apreté con fuerza, hasta el fondo; no había más. Azoté sus nalgas a cada jadeo de Ana. 5 minutos más tarde, llego su fuerte orgasmo. Me salí de ella y observe la imagen de los coñitos hermanos juntitos y el ano superior abierto completamente. La cámara de fotos se quedo en mi casa, un olvido que lamenté.
Yo.- Ana, quítate.
Me subí las piernas de Pilar a los hombros; sus orificios los tenía a mi entera disposición. ¿Por cual me decidiría? La metí toda, estaba calentito su ano. Quería correrme dentro de ella.
Pilar.- Amo, gracias por acordarse de esta sucia puta.
Las penetraciones fueron lentas al principio, y poco a poco, aumentaron en velocidad. Pilar jadeaba, yo sudaba; los dos llegábamos a nuestro orgasmo. Le quité el antifaz y los auriculares; quería verle la cara cuando me corriera dentro de su culo. Ella me sonrío cuando su vista se acostumbró a la luz.
Pilar.- Gracias, amo. Seré suya por siempre.
Yo.- Te voy a llenar el culo de leche, mala puta.
Pilar.- Sí, amo. Gracias mi señor.
Aceleré las embestidas, mi chica se estaba corriendo; y yo, liberado de la espera , me deje llevar por el placer, eyaculé dentro de mi amorcito. Cuanto había echado de menos esta piel tan suave, tan sedosa entre mis manos, esta sinceridad en la cama de la juventud. Salí de mi chica y la leche comenzó a fluir por su ano.
Yo.- Ana, límpialo princesa.
La hermana de Pilar, dudo solo unos segundos y se aplicó a obedecer. Cuando dejo el ano bien limpito la bese con lengua; deguste en un mismo lugar mi semen, la saliva de Ana y el ano de Pilar. Poesía pura.
Desaté a Pilar y nos fundimos en un entrañable abrazo entre los tres.
Yo.- A la ducha marranas (reímos todos)
Nos duchamos profundamente y volví a disfrutar de las juveniles pieles de mis hermanitas. Eran las 13,00 horas, tenía hambre.
Salimos a comer a un restaurante cercano al piso; quería una cerveza bien fría y un cigarro con urgencia.
Yo.- Pilar, ¿quién es con la que te liaste?
Pilar.- Se llama Sandra, es venezolana y es nuestra compañera de piso.
D.V. Capítulo VIII, compras en la boutique, la pareja se desinhibe y yo, me marcho
Capítulo VIII, compras en la boutique, la pareja se desinhibe; y yo, me marcho.
Entramos en la Boutique, pequeña, pero con ropa muy colorida y juvenil. Mientras ellas ya miraban la ropa, yo vi venir hacia nosotros a la dependienta. 40 años, rubia teñida y cara agradable. Saludó a Isabelle y ésta, le presento a Pilar.
Marc y yo las veíamos hablar amigablemente. Se fueron hacía el fondo de la tienda. Isabelle nos llamo a los dos para que nos acercáramos. En 2 minutos nos mostraron más de 10 conjuntos, faldita-chaqueta. Pilar, a cada modelo me miraba para ver signos de aprobación o no.
Yo.- Pilar, escoge el que más te guste; y seguro que estás muy guapa.
Se metieron las tres en el probador llevándose un montón de ropa. Aproveche y salí a fumar, mi experiencia decía que tenia 5 minutos, si eran rapidísimas. Cuando entre, no habían salido. Marc me miraba resignado.
Yo.- Tranquilo, hay que darles estas pequeñas alegrías, de vez en cuando.
Marc.- La quiero mucho, Vicente.
Yo.- Así debe ser. Si no, no sería entendible que con 20 años siguierais juntos. ¿Porqué os casasteis tan jóvenes? (Las chicas salieron, dejamos la conversación)
Dos bombones aparecieron ante nosotros; Isabelle no hacía más que bajarse la falda, y eso que apenas le subía arriba de la rodilla. Pilar estaba más buena, sus caderas ligeramente más amplias, le daban más vuelo a la faldita. Daban ganas de meter la mano debajo de la falda.
Yo.- Estáis preciosas las dos, ¿verdad Marc?
Marc.- Si está libre, yo me caso con la rubia.
Isabelle se acercó a darle un pequeño beso; se giro hacía la dependienta avergonzada por lo que había hecho, y con la cara colorada.
Yo.- Venga Marc, que ese beso significa que sí se quiere casar contigo. Acércate y devuélvele el beso.
Marc la cogió de la cintura, Isabelle se resistía de mentiras y Marc le dio un beso largo, sin lengua, pero cargado de erotismo por lo tierno y largo que fue. Isabelle salió corriendo hacía el probador.
Yo.- Vaya bombón (refiriéndome a Pilar)
Levante un dedo y lo gire en el aire. Pilar entendió y dio varias vueltas.
Yo.- De infarto. Yo no me caso, te lo advierto; pero te queda muy bien. Estás preciosa ¿puedo tocar la tela? Pilar se ladeo y extendió un brazo para que le tocara la manga de la chaquetita. Yo me acerque y le toque la falda a la altura de su culo. Apreté su nalga.
Yo.- Muy suave la tela; a mi me gusta ¿Qué le parece a usted señorita? (mirando a la dependienta)
Tanto Marc como Pilar se giraron a ver la reacción de la dependienta.
Yo.- ¿No le parece que está para comérsela?
Dependienta.- Le queda muy bien y resalta sus bonitas formas. El señor tiene razón.
Yo.-. Lo ves Pilar, te queda muy bien; pero pruébate alguna otra cosa que te guste.
Pilar se metió hacia el probador, sonriendo maliciosamente. Llamé a Marc apartándolo un poco de la dependienta.
Yo.- Entra en el probador de Isabelle y dile que le mando que te chupe la polla hasta que te corras en su boca. Cuando salga, la besaré para saber si ha saboreado tu leche.
Marc se rió.
Marc.- No querrá.
Yo.- Tú dile, que lo he dicho yo.
Cuando Marc entraba en los probadores, Isabelle salía. Pero él, cogiéndola del brazo, la metió hacía adentro otra vez. Salió Pilar con otro modelito.
Pilar.- Este no me gusta tanto como el anterior, pero es mono.
Era una tela, que sin ser seda se asemejaba mucho a ella. Se acoplaba a su cuerpo de maravilla.
Yo.- Tienes razón. Se te ajusta mejor que el anterior; te hace un culete, que está para morderlo. No cree usted lo mismo (mirando a la dependienta)
Dependienta.-Tiene usted razón, se le entalla muy bien a sus curvas y las realza (con la cara colorada)
Yo.- Gracias por estar de acuerdo conmigo. Pero, puede ser la chaquetilla un poco más ajustada.
Ya tenía nerviosa a la dependienta Y todo era, por entretenerla para que Isabelle y Marc se dieran un filete en los probadores. Salieron los casados. Marc con una sonrisa de oreja a oreja e Isabelle coloradota. Cuando volvió la dependienta me mantuve cerca de Pilar. La cuarentona le ayudo a cambiarse de chaqueta otra vez y cuando lo hizo estaba junto a mí.
Yo.- Que aroma más delicioso. Es usted señorita (mirando a la dependienta) Me permite.
Le aparte la melena del cuello y aspiré. Lo hice rápido para que oyera el aire entrar en mi nariz. Espiré sobre su cuello, para que también lo notara. Se le erizaron los bellos de los brazos.
Yo.- Delicioso y delicado. Enhorabuena por el perfume elegido. Pilar, esa talla tampoco te queda bien. Busca otra cosa.
Pilar se metió en el probador y llamó a la dependienta para que la siguiera.
Yo.- (Mirando a Isabelle) ¿Has merendado?
Isabelle.- Sí, gracias por enviármelo (Sonreímos todos)
Marc.- El otro conjunto te quedaba mejor.
Yo.- Me gustaba más el anterior también.
Isabelle siguió mirando ropa y al final se decidió por la primera que nos enseño. Fue a buscar blusas a juego. La dependienta salió colorada del probador y se dirigió a aconsejar a Isabelle sobre las blusas que tenía.
Pilar.- Y este que tal me está.........
En resumidas cuentas, las chicas compraron una ropa preciosa que se llevaron puesta. La ropa vieja, la recogerían mañana por la mañana. Pagó Isabelle y al salir me despedí de la dependienta.
Yo.- Señorita (Cogiéndole la mano) nos ha atendido muy amablemente (la bese en la mano; mantuve un instante mis labios sobre ella) Gracias y hasta pronto.
Olí el aire cerca del cuerpo de la mujer. Ella seguía sonrojada. Salimos de la tienda.
Yo.- Isabelle, a ver que te inventas de quién soy yo. Por que, el próximo día que te vea, te preguntará por mí y no creo que le cuentes la verdad.
Marc.- Con decir que eres un profesor de la universidad con su hija, arreglado.
Pilar.- Si le dices que soy su hija la liarás más. Por que en el probador, ya me pregunto si Vicente y yo éramos familia; y le dije que no. Que Vicente era el hombre que me había sacado 5 orgasmos en las últimas 24 horas. Y que si quería probar, solamente tenía que suplicárselo a mi amo.
Marc.- Por eso salió colorada del probador.
Pilar.- Por eso no fue. Fue, porque al cambiarme y verme desnuda, le dije que quería oler ese perfume, me acerque y le di un morreo mientras la magreaba bien.
Yo.- Pilar, ¿te parece correcto escandalizar a una mujer y meterle mano sin su consentimiento; con el agravante de que estaba trabajando para ganarse su sustento?
Pilar, no sabía que responder. No esperaba esa reacción en mí. La cogí fuerte de la mano.
Yo.- Volvemos a la tienda chicos. Esta puta tiene que pedir disculpas por su mal comportamiento.
Llegamos a la boutique los cuatro y la dependienta nos miro con sorpresa; pero más al ver que llevaba casi arrastras a Pilar.
Yo.- Señorita discúlpeme, me he enterado que mi puta la ha molestado hace un momento en los probadores y aquí la traigo a que se disculpe por tamaña desfachatez. Tú, zorra; pídele disculpas a la señorita (zarandeando a Pilar)
Pilar.- Discúlpeme señora, he cometido un error al propasarme con usted y ser grosera en el probador. Ruego que me disculpe, señora.
La dependienta nos miraba con los ojos abiertos al máximo, por la sorpresa.
Dependienta.- (Tartamudeando) Claro, claro, no ha pasado nada. Ha sido una mala interpretación. Estás disculpada cariño.
Yo.- Eso lo decidiré yo si está disculpada o no. Pilar, apoya las manos en ese mostrador.
Pilar con ojos llorosos me miraba suplicante. La pareja belga estaba con la boca abierta, viendo como se desarrollaban los hechos. Yo en ningún momento había levantado la voz y la cadencia de mis palabras era lenta para que se me entendiera perfectamente.
Con Pilar apoyada en el mostrador, le puse mi mano encima de su cabeza y se la hice bajar hasta apoyarla en el mostrador. Le levante la falda y aparecieron las hermosas nalgas que tanto me habían hecho disfrutar.
Yo.- 4 azotes, ¿preparada Pilar?
Pilar.- Sí, mi amo y señor.
El culo de Pilar estaba orientado, de tal manera, que podía ser admirado por la dependienta y los belgas. Sonó el primer azote, Pilar se quejo; sonó el segundo, Pilar lloraba; sonaron el tercero y el cuarto, Pilar lloraba desconsolada.
Yo.- Ya está hecho. Señorita, quiere usted azotarla por ser la ofendida.
La dependienta dio dos pasos hacía atrás, sorprendida por mi propuesta; pero dio uno pequeño hacía adelante, demostrando que dudaba.
Yo.- Sería bueno para su educación, que usted le diera, aunque solo fueran, dos azotes. La fuerza con que los dé no importa; es el hecho de que una mala acción debe reportar un castigo.
Le brillaban los ojos a la dependienta, su mano derecha tomó la forma para azotarla. Dudo breves segundos y relajo la mano.
Dependienta.- No, no puedo hacer eso, señor.
Yo.- Bien, el castigo a terminado. Pilar ponte derecha.
Cuando la joven se puso recta pude observar las lagrimas que le recorrían toda la cara. La acerque hacía mí y le di un beso en la sudorosa frente. Apoyó su cabeza contra mi pecho.
Yo.- Ves lo que me obligas a hacer, perrita; si te portas mal, te debo castigar. Eso ya lo sabes ¿verdad?
Sin hablar, asintió con la cabeza. Yo le sobaba las nalgas para que pasara rápidamente el dolor. Pilar se iba tranquilizando poco a poco.
Yo.- Venga, mi perrita favorita no puede estar así de feúcha con toda la cara llena de lágrimas. Dame una sonrisa bonita.
Poniendo mis dedos debajo de su mentón le alcé la cara para vérsela. Cuando nos miramos a los ojos me sonrió. Le di un beso en los labios largo y muy delicado.
Yo.- (Mirando a la dependienta) ¿Le permitiría a mi zorrita que se asee en su baño? Por favor.
Dependienta.- Sí, claro, no faltaría más. Pase conmigo joven.
Yo.- No se moleste usted señorita. Isabelle, acompaña a Pilar al baño, por favor.
Las dos jóvenes se alejaron entre perchas, maniquís y mostradores.
Yo.- Discúlpenos por lo ocurrido, pero los malos actos deben ser inmediatamente corregidos y en su caso, disciplinados.
Dependienta.- Si todos los padres fuéramos así de rectos, la juventud no estaría tan loca.
Yo.- No se equivoque, yo no soy su padre ni ningún familiar de Pilar. La conozco hace día y medio. Pero eso no quita, que deba ser castigada por sus malas acciones.
Las chicas salieron del aseo y se dirigieron hacía donde estábamos nosotros; Pilar traía la cabeza agachada.
Yo.- Pilar, cariño; ¿me das un abrazo por favor?
Pilar sonriéndome, se abalanzo entre mis brazos, que la envolvieron de manera protectora. Le daba besos en la frente.
Yo.- ¿Estas bien cariño?
Pilar.- Sí, amo.
La dependienta cuando oyó la palabra “amo” lanzo una pequeña exclamación. La mire y la sonreí.
Yo.- De nuevo le pido disculpas por lo ocurrido; buenas noches, señorita.
Y salimos, de nuevo, de la tienda.
Yo.- ¿Qué os ha parecido a vosotros dos?
Isabelle.- Estaba muy asustada. Cuando hablas así de despacio y sin alterarte, me das miedo.
Yo.- Miedo ¿porqué? Si no hacéis nada malo, no seréis azotados ni avergonzados públicamente. Y tú, Marc; ¿Qué opinas?
Marc.- A mí se me ha puesto dura; no lo he podido evitar, perdona Pilar.
Yo.- Curioso, muy curioso lo tuyo Marc. Venga, vamos a cenar.
Llevaba abrazada a Pilar continuamente y de vez en cuando la besaba en su cabeza.
Llegamos al restaurante. Un local con solera, que yo recordaba de cuando era niño e iba a pescar al puerto. Nadie sabía que yo era nacido en Valencia.
Cenamos a gusto y para volver al piso lo hicimos por la orilla de la playa. La noche era serena y la temperatura agradable, excepto para las chicas, que tenían fresco por su poca ropa. Me quite la chaqueta y se la puse sobre los hombros a Pilar.
Pilar.- Eres un encanto, siempre pendiente de mí (me beso en los labios)
Yo.- Me gusta cuidar de mis perritas.
Pilar se me arrimó y se cobijó bajo mi brazo; solo le faltaba ronronear como una gatita.
Yo.- Isabelle, ¿qué te ha parecido la leche de tu marido?
Isabelle.- Deliciosa y me entristece no haberla probado con anterioridad. Pero cuando ha entrado en el probador y me ha dicho lo que me habías mandado, me ha parecido que estaba loco por quererlo hacer allí. Después, lo he disfrutado mucho, sobre todo por el morbo.
Llegamos al piso y cuando nos desnudamos todos.
Yo.- Esta noche voy a dedicársela a Pilar exclusivamente. Le prometí ese premio. Vosotros dos, sois libres de vernos como follamos, o que os marchéis a vuestro cuarto y practiquéis lo aprendido hasta ahora. Os doy la libertad para elegir.
Marc.- Tenemos días por delante para practicar; mejor os miramos.
Yo.- Bueno, como siempre, antes de follar hay que ducharse. Isabelle, ve con tu marido a ducharte (le di un beso) Si queréis vernos, nos esperamos a que os duchéis vosotros. Por que, nuestro polvo, empezará en la ducha.
Yo me senté en el sofá a fumarme un cigarro; Pilar se acoplo encima de mis rodillas.
Pilar.- Mi amo y señor, gracias por permitir a esta puta satisfacerle esta noche. Disponga de mi cuerpo como guste.
Yo.- Gracias Pilar, por tu predisposición a servirme. ¿Ya has decidido como quieres que celebremos este polvo? ¿Con dominación o sin ella?
Pilar.- Mi amo y señor, soy su puta sumisa. Mi mente y cuerpo están a su servicio. En estos momentos, necesito encarecidamente un dueño que me folle y que me haga berrear hasta desmayarme de gusto. Haga su voluntad, amo.
Yo.- Enhorabuena por tu argumentación. Mi puta eres y así te follaré.
La bese en los labios, mientras le pellizcaba sus pezones, ya endurecidos. Ella, apoyo su cabeza en mi pecho, dejándose hacer.
La parejita llego al salón riendo entre bromas. Isabelle se lanzo junto a nosotros y nos abrazó.
Yo.- Bueno, las condiciones de vernos a nosotros esta noche son pocas. Silencio absoluto y no acercaros a nosotros. Podéis masturbaros mutuamente mientras nos miráis, pero en silencio. ¿De acuerdo? (Asintieron los dos)
Yo.- Bien, Pilar ha elegido que este polvo sea de amo a esclava y no entre amantes. Para nosotros, no va a haber nadie más en la habitación.
Cogí a Pilar en brazos y la lleve a la ducha. La enjabone a conciencia, acariciándola por todas partes. Pilar tomo las riendas del baño y cogiendo la esponja, la lleno de gel de baño.
Pilar.- Amo, permítame que le lave el cuerpo que tanto adoro.
Yo.- Hazlo perra.
Pilar me restregó todo el cuerpo con la esponja, me lleno de espuma.
Yo.- Dale más fuerte con la esponja o tendré que llamar a una vieja para que lo haga mejor que tú (Pilar me hizo caso y apretó más con la esponja) Ves como si quieres sabes hacerlo bien, perrita.
Le quite la esponja y empezamos a acariciarnos por todas partes mientras nos besábamos. Le metí dos dedos en su ano.
Yo.- En la cama, te voy a romper este culo a pollazos ¿Entiendes zorrita?
Pilar.- Sí mi amo, fuerte, muy fuerte amo.
Le pellizque los pezones, pero al estar enjabonados escapaban entre mis dedos. Me encanta Pilar, su cuerpo y su sumisión hacia mis requerimientos.
Yo.- ¡Qué rebuena que estás zorra!
Pilar.- Gracias, amo (entre jadeos)
Yo.- Aclárame abundantemente y vamos para la habitación.
Salimos del baño ya secos; yo delante, Pilar detrás de mí, gateando. En la habitación me senté en la orilla de la cama.
Yo.- Gatita, lámeme los pies.
Pilar.- Gracias, amo.
Me lamió ambos pies durante 5 minutos. La cogí del pelo y la alcé. Le pedí sus manos y las situó delante de mí. Até un buen trozo de cuerda a cada muñeca.
Yo.- Sobre la cama, boca arriba y con los brazos en cruz.
Pilar no se hizo esperar y me obedeció al instante. Até los extremos de las cuerdas a las patas delanteras; quedando Pilar con los brazos en cruz. Fui al salón a buscar un cenicero y mi tabaco. Cuando volví deje el cenicero sobre su vientre plano. Ella respiraba rápido mientras me miraba a los ojos. Encendí mi cigarro, lo fumé con calma; me recosté junto a ella para oír su respiración ligeramente alterada. Le pasé el cigarro muy cerca de la piel de sus pechos; su respiración se aceleró.
Yo.- Tranquila, no quiero marcarte (Apagué el cigarro en el cenicero) Todavía no quiero marcarte, zorrita.
Aparte el cenicero dejándolo sobre la mesita de noche. Oí un jadeo desde la puerta; Marc se estaba corriendo mientras Isabelle lo pajeaba. Me acerque a la cara de Pilar y pase mi lengua sobre sus labios. Hizo intención de besarme; me retire para que no me alcanzara. Le sujete la cabeza para que no pudiera alzarla; bese sus mejillas carnosas, sus grandes ojos, mordí su barbilla y acabe dándole un chupetón en el cuello. Pilar empezó a gemir. Me separe para verle la cara de excitación.
Yo.- ¡Qué guapa que estás así! Abre la boca.
Cuando la abrió, puse mis labios encima de los suyos y deje que de mi boca saliera un buen goterón de saliva; Pilar lo miraba con grandes ojos. Mi saliva entro en su boca.
Yo.- Saborea mis babas cariño.
Pilar cerro su boca y con su lengua se repartió mi saliva por toda su boca. Cuando acabo, volvió a abrir sus labios. Le sonreí y pase a lamerle los sobacos y la cara interna de los brazos, mientras con la mano ya sobaba uno de sus pechos. Baje mi boca y llegué a sus tetas que mordí con suavidad, después sus pezones pasaron por mi boca. Los jadeos de Pilar ya eran evidentes. Al final, termine con mis labios en su coño. Lamí sus ingles, mordiendo el tendón, sus muslos y al final tenía delante de mi el coñito más bonito que hubiera visto en mucho tiempo.
Yo.- Pilar, hasta que no te lo permita, ni se te ocurra correrte ¿Entendido?
Pilar.- Sí, amo. Así lo haré.
Mire al jugoso chochete que tenía delante de mi. Pase mi lengua por los labios mayores y los abrí. Di un grueso lametazo a toda la vulva de abajo hacía arriba. Pilar emitió un fuerte suspiro. Introduje mi lengua en su vagina e inicie entradas y salidas como si fuera un pequeño pene, deguste sus frescos jugos. Retire mi lengua y metí dos dedos previamente humedecidos. Ensanche un poco su coño y empecé a meter y sacar mis dedos. Los jadeos de Pilar se hicieron más patentes. Moje mi pulgar de la mano libre y con él estimule su clítoris. Las caderas de Pilar empezaron a moverse buscando el mayor placer posible.
Yo.- Ni se te ocurra correrte, ¿oyes?
Pilar.- Sí, amo. Suélteme las manos por favor. Quiero tocarlo, acariciarlo, besarlo.
Yo.- Cállate de una puta vez, perra. A quien le importa lo que tu quieras.
Le di mas rapidez a las penetraciones de mis dedos, parando el pulgar del clítoris. Pilar sudaba abundantemente.
Pilar.- No pare, amo. Déjeme correrme por favor.
No le contesté. Mantuve el ritmo y admiraba el intento de mi putita por no correrse; las contracciones vaginales eran muy intensas, estaba en la última fase antes del orgasmo.
Yo.- Cuando cuente 5, podrás correrte. ¿Has oído?
Pilar.- Sí, amo. Cuando cuente hasta 5.
Yo.- Uno, le mordí un pezón, lamiéndolo después.
Yo.- Dos, le mordí el otro pezón, estaban muy duros.
Pilar.- Más rápido, cuente más rápido.
Yo.- Tres, le metí tres dedos en su boca, estaba medio loca.
Yo.- Cuatro, con los dedos mojados de su boca pellizque sus pezones. Baje esos dedos y acaricie su clítoris.
Yo.- Cinco.
Pilar se corrió entre grandes sonidos roncos, me preocupaban las ataduras. Ella estaba estirando demasiado, podría hacerse daño. Deje de estimular su clítoris cuando dejo de mover sus caderas y saque los dedos de su vagina para desatarla y masajear sus muñecas. Cuando recobró un poco de lucidez, me acaricio la cara. Metí mi polla en su encharcado coño de golpe. Pilar estaba como borracha, pero se entero de mi penetración.
Pilar.- Sí, amo, a tope por favor (sonriéndome)
Empecé a bombearla con lentitud, nos dimos un buen morreo. La excitación de ella volvió a incrementarse, con sus piernas me rodeo la cintura, facilitando que las penetraciones fueran más profundas. Otro gemido a mis espaldas; otra corrida de Marc, esta vez en la boca de Isabelle. Aceleré el ritmo de la follada y de repente se la saque. Le di la vuelta y se la metí por el culo.
Pilar.- Gracias mi amo, te amo.
La azoté en sus preciosas nalgas, más débilmente que si fuera un castigo; pero en mayor número. Su culo estaba enrojecido; sus quejas por los azotes se mezclaban con sus gemidos.
Pilar.- Azóteme todo lo que quiera, amo. Cuanto más me pegue, más le amaré.
Pilar se movía para incrustarse más honda mi polla. Estuvimos un buen rato; pero cuando Pilar volvió a tener síntomas de su próximo orgasmo, le di nuevamente la vuelta.
Pilar se abrió obscenamente de patas y yo le metí mi polla de un solo golpe en su chocho.
Yo.- Cuando tú te corras, yo te llenaré de leche, ese coño pelón que tienes, puta de mierda.
Pilar me abrazo y me volvió a rodear con sus piernas. Las contracciones vaginales eran fortísimas y muy rápidas; me prepare a correrme acelerando las penetraciones. Pilar me clavo las uñas en la espalda. Arqueo toda su espalda y se corrió; yo, también.
Yo.- Toma leche, puta asquerosa.
Mi eyaculación no me permitió seguir insultándola y hasta me maree un poco, de lo intenso que había sido mi placer. Me dejé caer ligeramente sobre ella, que notara mi peso, pero no esclafarla. Nos besamos cuando recobró los sentidos.
Pilar.- Te quiero, amo.
Yo.- Y yo a ti, perrita. Pero solo en los días en que nos veamos, no está permitido más.
Pilar.- Déjeme soñar, amo. Por favor.
Yo.- Sueña pues; te quiero Putita; te amo.
Nos besamos tiernamente. Paso el tiempo entre caricias, besos y arrumacos. Me deje caer al lado.
Yo.- Tengo que ir a mear corazón.
Pilar.- Con tal de que no te alejes de mi, me beberé tu meada. A mi hermana se la diste a beber.
Yo.- Es cierto, a ti no te he saciado la sed. Pero hay mucha cantidad para salir y aquí si se te cae deberemos dormir encima de ella toda la noche. Mejor meo en el baño, si quieres un poco, acompáñame.
Pilar se levanto y fuimos al baño. Subió la tapa del water y sujeto mi polla para que meara.
Pilar.- Guárdeme un poquito, amo mío.
Empecé a orinar. A mitad meada, me contuve y me gire hacia Pilar; ya estaba de rodillas, con las manos a la espalda y con la boca abierta. Metí mi pene en su boca; ella cerro sus labios y me miro a los ojos. Volví a dejar salir mi agüita amarilla poco a poco. Me vacié, mientras ella lo degustaba. Cuando termine de orinar, Pilar me limpio la polla y poco a poco fue levantándose. Nos besamos con lengua, su boca sabía rara; pero, ¿a quién le importa? Estando sudorosos y cansados, nos duchamos deprisa y salimos del baño.
Yo.- Hacemos como los papis güais de las pelis y vemos como están los chicos, antes de irnos a dormir.
Pilar.- ¿Cómo guste mi amo y señor?
Nos acercamos a su habitación y allí estaban los chicos. Isabelle boca arriba y moviendo desesperadamente sus caderas y Marc penetrándola en la posición del misionero. 3 minutos más e Isabelle se corrió escandalosamente.
Yo tenía abrazada a Pilar desde su espalda, amasando sus tetas con ambas manos.
Yo.- ¿Hemos hecho un buen trabajo con la parejita?
Pilar.- Claro que sí. Estos no sabían ni moverse. Te has lucido enseñándolos.
Yo.- Los hemos enseñado entre las hermanas putitas y yo; vosotras también habéis sido muy importantes en su aprendizaje (la bese) Vámonos a la cama.
Yo.- Pilar, te agradezco tu buena voluntad para que este juego saliera bien y hacerme pasar unos de mis mejores días.
Pilar.- Yo quiero que siga esto, el sábado de la próxima semana. Pero con independencia de eso, te diré que estos dos días los he disfrutado a tope. Me has hecho sentir mujer y mujer querida. Envidio a tu compañera. Una cosa te quería pedir. Que no dejes que mi hermana se enamore de ti. Yo soy mayor que ella, con más experiencia y me supone un gran esfuerzo no colgarme de ti. Disfruta de ella y con ella, pero no te la quedes para ti. Por favor.
Yo.- Sabes que no deseo enamorar a nadie. Lo he dicho cada día y a Ana se lo mande en los emails; ahora bien, si noto que ella muestra signos de dependencia hacia mi persona, haré que se desengañe.
La charla duró horas, demostrándome Pilar que era una mujer inteligente y bien formada intelectualmente, pero nos pudo el cansancio y nos dormimos. Eran las 2,30 de la madrugada.
Me desperté antes de que vinieran los chicos a despertarnos; tenía abrazada a Pilar desde su espalda. Me encanta ver dormir a mis parejas, creo que mientras duermen, muestran sus autenticas caras. Me levante con cuidado para no despertarla y fui al baño a hacerme un enjuague bucal con colutorio y lavar mi dentadura postiza. Quería despertar a Pilar agradablemente y no ayuda nada, tener un olor desagradable en la boca.
Volví a meterme en la cama y me acople a la espalda de Pilar. El calorcito de mi putita, hizo que mi polla adquiriera un tamaño adecuado para guerrear; se la restregué por sus nalgas y la encare entre ellas. No sabía donde iba a entrar, culo o coño, pero que más da. Solo buscaba el calorcito de mi niña.
Algo iba abriendo en Pilar, estrechito en su inicio. Culo pues. Lo hice muy despacio; quería, que cuando se despertase, ya la tuviera toda dentro. Poco a poco la iba metiendo, Pilar se movió y entro de golpe. Se despertó mi chica.
Pilar.- ¿Qué haces?
Yo.- Que no podía esperar a metértela otra vez.
Pilar giro su cabeza para besarme y saco un poco su culo para que entrara más adentro.
Pilar.- Te adoro amo.
Aparté la melena de su cuello y lo besé, lo lamí y lo mordí suavemente. Las penetraciones en el ano de Pilar eran suaves, tranquilas y sin ganas de llegar a ninguna cosa; simplemente era un buenos días a mi niña.
La pareja ya se había levantado, se oían ruidos por la casa y alguien se fue a la calle. Imagino que a por la bollería para el desayuno. Nosotros a lo nuestro, sin incrementar el ritmo, sin prisas, sin objetivos; muy despacio, con mucho cariño.
Pilar.- Solo he estado dos días contigo y creo que ya me he acostumbrado a ti; no me imagino como me despertare mañana sola. Sin tenerte abrazado o que me abraces como ahora. Le voy a tener que estar agradecida a mi hermana mucho tiempo; por que gracias a ella, te conocí a ti.
Le di un beso en el cuello.
Yo.- Venga putita, ronronea para mí.
Pilar imitó el sonido de las gatitas, cuando están contentas; al mismo tiempo, se apego más a mí si era posible, moviendo toda la espalda y sonriendo de gusto. Volví a besarla.
Isabelle encendió la luz de la habitación para despertarnos, al vernos ya enganchados, sonrió.
Isabelle.- Buenos días amo: buenos días Pilar.
Le devolvimos los saludos, sin movernos siquiera.
Isabelle.- ¿Puedo participar?
Yo.- No, ahora no. Ve a sacarle una leche a tu marido, para que después aguante más.
Isabelle.- Ya lo he hecho, amo.
Yo.- Isabelle, sube la persiana para que entre la luz del día. Gracias putita.
Isabelle salió de la habitación, dejándonos otra vez solos. Yo seguía penetrando muy tranquilamente su culo, acariciando sus suaves pechos. Pero teníamos que dejarlo, debíamos levantarnos, había que cumplir mi promesa de los tríos; ahora me arrepentí de haberla hecho, yo quería quedarme dentro de Pilar más rato, toda la mañana, el resto de mi vida. Pero .....
Yo.- Pilar, debemos levantarnos, zorrita.
Pilar.- Dame otro orgasmo, aquí, solos.
Yo.- Si me canso aquí contigo, no podremos llevar a cabo ni tu fantasía del trío, ni yo cumpliré mi palabra de hacer los tríos con las putitas. ¿Comprendes?
Pilar.- Sigue un poco más, solo un poco más, amo.
Me sorprendí al comprobar que la respiración de Pilar había aumentado de ritmo y su pulso también. Era como si se aproximara a un orgasmo, pero faltaban otros signos.
Pilar.- Cariño, te quiero. Cuando quieras follarme solo tienes que llamarme, iré a donde estés. Amo, amo ...........
Y parece que se corrió, pero muy suave, muy tranquilo. Nunca había visto nada así. Seguí penetrándola muy despacio, sobando sus tetas y besándola en el cuello.
Pilar.- Gracias, amo. No sé que has hecho, pero ha sido delicioso.
Yo.- Yo no he hecho nada; lo que ocurre es que mi putita es muy caliente (la bese)
Poco a poco le saque mi polla de su culo y me separé de ella. Pilar se giró y me cogió la polla.
Pilar.- Déjame que te la limpie y de paso le dé las gracias, por lo buena que es conmigo.
Yo.- Es toda tuya amor.
Le dio una suaves mamadas, la limpió con delicadeza.
Yo.- Venga Pilar, es tarde cariño.
Salimos al salón, después de asearnos y limpiarnos en el baño. La parejita nos esperaba sonriendo; sin decir nada se arrodillaron ante mi y cada uno le dio unas mamadas a mi polla.
Yo.- Isabelle, ¿se portó bien anoche tu marido?
Isabelle.- Como un machote, amo. Dos veces hizo que me corriera.
Yo.- Bien Marc, muy bien (Dándole unas suaves palmadas en su hombro) Y tú, ¿cuantas leches te saco la putita esta?
Marc.- Viéndoles a ustedes 2 veces, en la cama otras 2 y esta mañana 1.
Bien, parece que por fin, vais a ser una pareja de jóvenes como dios manda.
Yo.- Pronto dejareis de darle importancia al número de veces y os centrareis en la calidad. Vamos a desayunar.
Isabelle.- Nos hemos pasado una noche de fábula.
Yo.- Ya se os nota en la cara. Los tres tenéis unas caras felices y llenas de vitalidad. Estáis en la edad de hacer todo eso. Pero yo, al mirarme la cara en el baño, la tengo demacrada. Y el resto del cuerpo como si me hubiesen dado una paliza.
Pilar.- Te daremos mimitos para que te recuperes.
Yo.- No es cuestión de mimitos, es cuestión de edad.
Marc.- Pues ya me gustaría llegar a su edad y follar como folla.
Yo.- Marc, tu debes ser mejor que yo; y te explico por que. Tu has tenido la suerte de que alguien con experiencia te ha mostrado y demostrado, como hacer disfrutar a una mujer. Yo no tuve esa suerte y han tenido que pasar muchos años, muchas mujeres, equivocarme otro montón de veces y al final he conseguido lo que quería. Que las mujeres con las que mantengo relaciones, disfruten como locas. Y una cosa que no quiero que se me olvide. Cuando me vaya de aquí, te dejo que sodomices a tu mujer cuando os plazca.
Isabelle.- Gracias, amo. Usted siempre será mi amo y cuando quiera mi culo o cualquier otra parte de ésta, su perra, solo tiene que cogerla.
Pilar.- Bien hablado, yo también hago ese “juramento” sabe que me tiene a su disposición, amo.
Marc.- Yo no sé que decir, pues no le gustan los hombres; pero en cualquier otra cosa, no dude en pedírnoslo, amo.
Yo.- Vaya tres putitas que dejó en Valencia. Pues ya que estáis tan solícitos a demostrarme vuestra sumisión os quiero pedir una cosa. Cuando doy mi palabra suelo cumplirla siempre; pero hoy estoy realmente cansado y quisiera pediros que me disculpéis y no hagamos los tríos. ¿Qué me decís?
Pilar.- Mi amo y señor, no se preocupe por eso, que ha cumplido de sobra durante estos días con nosotros.
Isabelle.- Por supuesto amo, si no le apetece o no se encuentra bien no hay problema.
Yo.- Gracias chicas, sois muy amable con este viejito (rieron todos; yo solo, sonreí) Pero vosotros podéis enrollaros entre vosotros.
Pilar.- Marc, no te molestes; pero a mi solo me apetece estar junto a mi amo en las últimas horas de esta reunión.
Isabelle.- Cuando os valláis yo me quedare con Marc, y lo tengo todo el tiempo que quiera. Así que, también me gustaría estar junto a mi amo hasta que se vaya.
Marc.- Lo entiendo perfectamente. Poneros en el sofá si os apetece y yo os serviré cualquier cosa que necesitéis.
Yo.- Gracias a todos, sois muy buenas perritas.
Me senté en el sofá, no tenía ganas de nada y teniendo en cuenta que tenía a mi lado a dos jovencitas de rechupete, esto era grave. Empecé a sudar abundantemente, pero no tenía calor, más bien frío; estaba como mareado y de improviso una fuerte opresión en el pecho me hizo ladearme. No podía respirar correctamente; las caras de los chicos demostraban el miedo que yo también sentía.
Las chicas me preguntaban cerca de mi cara, asustadas, angustiadas.
Ya no me dolía nada, tenía sueño.
Me dormí o me morí; no sé. Pero a gusto.
Entramos en la Boutique, pequeña, pero con ropa muy colorida y juvenil. Mientras ellas ya miraban la ropa, yo vi venir hacia nosotros a la dependienta. 40 años, rubia teñida y cara agradable. Saludó a Isabelle y ésta, le presento a Pilar.
Marc y yo las veíamos hablar amigablemente. Se fueron hacía el fondo de la tienda. Isabelle nos llamo a los dos para que nos acercáramos. En 2 minutos nos mostraron más de 10 conjuntos, faldita-chaqueta. Pilar, a cada modelo me miraba para ver signos de aprobación o no.
Yo.- Pilar, escoge el que más te guste; y seguro que estás muy guapa.
Se metieron las tres en el probador llevándose un montón de ropa. Aproveche y salí a fumar, mi experiencia decía que tenia 5 minutos, si eran rapidísimas. Cuando entre, no habían salido. Marc me miraba resignado.
Yo.- Tranquilo, hay que darles estas pequeñas alegrías, de vez en cuando.
Marc.- La quiero mucho, Vicente.
Yo.- Así debe ser. Si no, no sería entendible que con 20 años siguierais juntos. ¿Porqué os casasteis tan jóvenes? (Las chicas salieron, dejamos la conversación)
Dos bombones aparecieron ante nosotros; Isabelle no hacía más que bajarse la falda, y eso que apenas le subía arriba de la rodilla. Pilar estaba más buena, sus caderas ligeramente más amplias, le daban más vuelo a la faldita. Daban ganas de meter la mano debajo de la falda.
Yo.- Estáis preciosas las dos, ¿verdad Marc?
Marc.- Si está libre, yo me caso con la rubia.
Isabelle se acercó a darle un pequeño beso; se giro hacía la dependienta avergonzada por lo que había hecho, y con la cara colorada.
Yo.- Venga Marc, que ese beso significa que sí se quiere casar contigo. Acércate y devuélvele el beso.
Marc la cogió de la cintura, Isabelle se resistía de mentiras y Marc le dio un beso largo, sin lengua, pero cargado de erotismo por lo tierno y largo que fue. Isabelle salió corriendo hacía el probador.
Yo.- Vaya bombón (refiriéndome a Pilar)
Levante un dedo y lo gire en el aire. Pilar entendió y dio varias vueltas.
Yo.- De infarto. Yo no me caso, te lo advierto; pero te queda muy bien. Estás preciosa ¿puedo tocar la tela? Pilar se ladeo y extendió un brazo para que le tocara la manga de la chaquetita. Yo me acerque y le toque la falda a la altura de su culo. Apreté su nalga.
Yo.- Muy suave la tela; a mi me gusta ¿Qué le parece a usted señorita? (mirando a la dependienta)
Tanto Marc como Pilar se giraron a ver la reacción de la dependienta.
Yo.- ¿No le parece que está para comérsela?
Dependienta.- Le queda muy bien y resalta sus bonitas formas. El señor tiene razón.
Yo.-. Lo ves Pilar, te queda muy bien; pero pruébate alguna otra cosa que te guste.
Pilar se metió hacia el probador, sonriendo maliciosamente. Llamé a Marc apartándolo un poco de la dependienta.
Yo.- Entra en el probador de Isabelle y dile que le mando que te chupe la polla hasta que te corras en su boca. Cuando salga, la besaré para saber si ha saboreado tu leche.
Marc se rió.
Marc.- No querrá.
Yo.- Tú dile, que lo he dicho yo.
Cuando Marc entraba en los probadores, Isabelle salía. Pero él, cogiéndola del brazo, la metió hacía adentro otra vez. Salió Pilar con otro modelito.
Pilar.- Este no me gusta tanto como el anterior, pero es mono.
Era una tela, que sin ser seda se asemejaba mucho a ella. Se acoplaba a su cuerpo de maravilla.
Yo.- Tienes razón. Se te ajusta mejor que el anterior; te hace un culete, que está para morderlo. No cree usted lo mismo (mirando a la dependienta)
Dependienta.-Tiene usted razón, se le entalla muy bien a sus curvas y las realza (con la cara colorada)
Yo.- Gracias por estar de acuerdo conmigo. Pero, puede ser la chaquetilla un poco más ajustada.
Ya tenía nerviosa a la dependienta Y todo era, por entretenerla para que Isabelle y Marc se dieran un filete en los probadores. Salieron los casados. Marc con una sonrisa de oreja a oreja e Isabelle coloradota. Cuando volvió la dependienta me mantuve cerca de Pilar. La cuarentona le ayudo a cambiarse de chaqueta otra vez y cuando lo hizo estaba junto a mí.
Yo.- Que aroma más delicioso. Es usted señorita (mirando a la dependienta) Me permite.
Le aparte la melena del cuello y aspiré. Lo hice rápido para que oyera el aire entrar en mi nariz. Espiré sobre su cuello, para que también lo notara. Se le erizaron los bellos de los brazos.
Yo.- Delicioso y delicado. Enhorabuena por el perfume elegido. Pilar, esa talla tampoco te queda bien. Busca otra cosa.
Pilar se metió en el probador y llamó a la dependienta para que la siguiera.
Yo.- (Mirando a Isabelle) ¿Has merendado?
Isabelle.- Sí, gracias por enviármelo (Sonreímos todos)
Marc.- El otro conjunto te quedaba mejor.
Yo.- Me gustaba más el anterior también.
Isabelle siguió mirando ropa y al final se decidió por la primera que nos enseño. Fue a buscar blusas a juego. La dependienta salió colorada del probador y se dirigió a aconsejar a Isabelle sobre las blusas que tenía.
Pilar.- Y este que tal me está.........
En resumidas cuentas, las chicas compraron una ropa preciosa que se llevaron puesta. La ropa vieja, la recogerían mañana por la mañana. Pagó Isabelle y al salir me despedí de la dependienta.
Yo.- Señorita (Cogiéndole la mano) nos ha atendido muy amablemente (la bese en la mano; mantuve un instante mis labios sobre ella) Gracias y hasta pronto.
Olí el aire cerca del cuerpo de la mujer. Ella seguía sonrojada. Salimos de la tienda.
Yo.- Isabelle, a ver que te inventas de quién soy yo. Por que, el próximo día que te vea, te preguntará por mí y no creo que le cuentes la verdad.
Marc.- Con decir que eres un profesor de la universidad con su hija, arreglado.
Pilar.- Si le dices que soy su hija la liarás más. Por que en el probador, ya me pregunto si Vicente y yo éramos familia; y le dije que no. Que Vicente era el hombre que me había sacado 5 orgasmos en las últimas 24 horas. Y que si quería probar, solamente tenía que suplicárselo a mi amo.
Marc.- Por eso salió colorada del probador.
Pilar.- Por eso no fue. Fue, porque al cambiarme y verme desnuda, le dije que quería oler ese perfume, me acerque y le di un morreo mientras la magreaba bien.
Yo.- Pilar, ¿te parece correcto escandalizar a una mujer y meterle mano sin su consentimiento; con el agravante de que estaba trabajando para ganarse su sustento?
Pilar, no sabía que responder. No esperaba esa reacción en mí. La cogí fuerte de la mano.
Yo.- Volvemos a la tienda chicos. Esta puta tiene que pedir disculpas por su mal comportamiento.
Llegamos a la boutique los cuatro y la dependienta nos miro con sorpresa; pero más al ver que llevaba casi arrastras a Pilar.
Yo.- Señorita discúlpeme, me he enterado que mi puta la ha molestado hace un momento en los probadores y aquí la traigo a que se disculpe por tamaña desfachatez. Tú, zorra; pídele disculpas a la señorita (zarandeando a Pilar)
Pilar.- Discúlpeme señora, he cometido un error al propasarme con usted y ser grosera en el probador. Ruego que me disculpe, señora.
La dependienta nos miraba con los ojos abiertos al máximo, por la sorpresa.
Dependienta.- (Tartamudeando) Claro, claro, no ha pasado nada. Ha sido una mala interpretación. Estás disculpada cariño.
Yo.- Eso lo decidiré yo si está disculpada o no. Pilar, apoya las manos en ese mostrador.
Pilar con ojos llorosos me miraba suplicante. La pareja belga estaba con la boca abierta, viendo como se desarrollaban los hechos. Yo en ningún momento había levantado la voz y la cadencia de mis palabras era lenta para que se me entendiera perfectamente.
Con Pilar apoyada en el mostrador, le puse mi mano encima de su cabeza y se la hice bajar hasta apoyarla en el mostrador. Le levante la falda y aparecieron las hermosas nalgas que tanto me habían hecho disfrutar.
Yo.- 4 azotes, ¿preparada Pilar?
Pilar.- Sí, mi amo y señor.
El culo de Pilar estaba orientado, de tal manera, que podía ser admirado por la dependienta y los belgas. Sonó el primer azote, Pilar se quejo; sonó el segundo, Pilar lloraba; sonaron el tercero y el cuarto, Pilar lloraba desconsolada.
Yo.- Ya está hecho. Señorita, quiere usted azotarla por ser la ofendida.
La dependienta dio dos pasos hacía atrás, sorprendida por mi propuesta; pero dio uno pequeño hacía adelante, demostrando que dudaba.
Yo.- Sería bueno para su educación, que usted le diera, aunque solo fueran, dos azotes. La fuerza con que los dé no importa; es el hecho de que una mala acción debe reportar un castigo.
Le brillaban los ojos a la dependienta, su mano derecha tomó la forma para azotarla. Dudo breves segundos y relajo la mano.
Dependienta.- No, no puedo hacer eso, señor.
Yo.- Bien, el castigo a terminado. Pilar ponte derecha.
Cuando la joven se puso recta pude observar las lagrimas que le recorrían toda la cara. La acerque hacía mí y le di un beso en la sudorosa frente. Apoyó su cabeza contra mi pecho.
Yo.- Ves lo que me obligas a hacer, perrita; si te portas mal, te debo castigar. Eso ya lo sabes ¿verdad?
Sin hablar, asintió con la cabeza. Yo le sobaba las nalgas para que pasara rápidamente el dolor. Pilar se iba tranquilizando poco a poco.
Yo.- Venga, mi perrita favorita no puede estar así de feúcha con toda la cara llena de lágrimas. Dame una sonrisa bonita.
Poniendo mis dedos debajo de su mentón le alcé la cara para vérsela. Cuando nos miramos a los ojos me sonrió. Le di un beso en los labios largo y muy delicado.
Yo.- (Mirando a la dependienta) ¿Le permitiría a mi zorrita que se asee en su baño? Por favor.
Dependienta.- Sí, claro, no faltaría más. Pase conmigo joven.
Yo.- No se moleste usted señorita. Isabelle, acompaña a Pilar al baño, por favor.
Las dos jóvenes se alejaron entre perchas, maniquís y mostradores.
Yo.- Discúlpenos por lo ocurrido, pero los malos actos deben ser inmediatamente corregidos y en su caso, disciplinados.
Dependienta.- Si todos los padres fuéramos así de rectos, la juventud no estaría tan loca.
Yo.- No se equivoque, yo no soy su padre ni ningún familiar de Pilar. La conozco hace día y medio. Pero eso no quita, que deba ser castigada por sus malas acciones.
Las chicas salieron del aseo y se dirigieron hacía donde estábamos nosotros; Pilar traía la cabeza agachada.
Yo.- Pilar, cariño; ¿me das un abrazo por favor?
Pilar sonriéndome, se abalanzo entre mis brazos, que la envolvieron de manera protectora. Le daba besos en la frente.
Yo.- ¿Estas bien cariño?
Pilar.- Sí, amo.
La dependienta cuando oyó la palabra “amo” lanzo una pequeña exclamación. La mire y la sonreí.
Yo.- De nuevo le pido disculpas por lo ocurrido; buenas noches, señorita.
Y salimos, de nuevo, de la tienda.
Yo.- ¿Qué os ha parecido a vosotros dos?
Isabelle.- Estaba muy asustada. Cuando hablas así de despacio y sin alterarte, me das miedo.
Yo.- Miedo ¿porqué? Si no hacéis nada malo, no seréis azotados ni avergonzados públicamente. Y tú, Marc; ¿Qué opinas?
Marc.- A mí se me ha puesto dura; no lo he podido evitar, perdona Pilar.
Yo.- Curioso, muy curioso lo tuyo Marc. Venga, vamos a cenar.
Llevaba abrazada a Pilar continuamente y de vez en cuando la besaba en su cabeza.
Llegamos al restaurante. Un local con solera, que yo recordaba de cuando era niño e iba a pescar al puerto. Nadie sabía que yo era nacido en Valencia.
Cenamos a gusto y para volver al piso lo hicimos por la orilla de la playa. La noche era serena y la temperatura agradable, excepto para las chicas, que tenían fresco por su poca ropa. Me quite la chaqueta y se la puse sobre los hombros a Pilar.
Pilar.- Eres un encanto, siempre pendiente de mí (me beso en los labios)
Yo.- Me gusta cuidar de mis perritas.
Pilar se me arrimó y se cobijó bajo mi brazo; solo le faltaba ronronear como una gatita.
Yo.- Isabelle, ¿qué te ha parecido la leche de tu marido?
Isabelle.- Deliciosa y me entristece no haberla probado con anterioridad. Pero cuando ha entrado en el probador y me ha dicho lo que me habías mandado, me ha parecido que estaba loco por quererlo hacer allí. Después, lo he disfrutado mucho, sobre todo por el morbo.
Llegamos al piso y cuando nos desnudamos todos.
Yo.- Esta noche voy a dedicársela a Pilar exclusivamente. Le prometí ese premio. Vosotros dos, sois libres de vernos como follamos, o que os marchéis a vuestro cuarto y practiquéis lo aprendido hasta ahora. Os doy la libertad para elegir.
Marc.- Tenemos días por delante para practicar; mejor os miramos.
Yo.- Bueno, como siempre, antes de follar hay que ducharse. Isabelle, ve con tu marido a ducharte (le di un beso) Si queréis vernos, nos esperamos a que os duchéis vosotros. Por que, nuestro polvo, empezará en la ducha.
Yo me senté en el sofá a fumarme un cigarro; Pilar se acoplo encima de mis rodillas.
Pilar.- Mi amo y señor, gracias por permitir a esta puta satisfacerle esta noche. Disponga de mi cuerpo como guste.
Yo.- Gracias Pilar, por tu predisposición a servirme. ¿Ya has decidido como quieres que celebremos este polvo? ¿Con dominación o sin ella?
Pilar.- Mi amo y señor, soy su puta sumisa. Mi mente y cuerpo están a su servicio. En estos momentos, necesito encarecidamente un dueño que me folle y que me haga berrear hasta desmayarme de gusto. Haga su voluntad, amo.
Yo.- Enhorabuena por tu argumentación. Mi puta eres y así te follaré.
La bese en los labios, mientras le pellizcaba sus pezones, ya endurecidos. Ella, apoyo su cabeza en mi pecho, dejándose hacer.
La parejita llego al salón riendo entre bromas. Isabelle se lanzo junto a nosotros y nos abrazó.
Yo.- Bueno, las condiciones de vernos a nosotros esta noche son pocas. Silencio absoluto y no acercaros a nosotros. Podéis masturbaros mutuamente mientras nos miráis, pero en silencio. ¿De acuerdo? (Asintieron los dos)
Yo.- Bien, Pilar ha elegido que este polvo sea de amo a esclava y no entre amantes. Para nosotros, no va a haber nadie más en la habitación.
Cogí a Pilar en brazos y la lleve a la ducha. La enjabone a conciencia, acariciándola por todas partes. Pilar tomo las riendas del baño y cogiendo la esponja, la lleno de gel de baño.
Pilar.- Amo, permítame que le lave el cuerpo que tanto adoro.
Yo.- Hazlo perra.
Pilar me restregó todo el cuerpo con la esponja, me lleno de espuma.
Yo.- Dale más fuerte con la esponja o tendré que llamar a una vieja para que lo haga mejor que tú (Pilar me hizo caso y apretó más con la esponja) Ves como si quieres sabes hacerlo bien, perrita.
Le quite la esponja y empezamos a acariciarnos por todas partes mientras nos besábamos. Le metí dos dedos en su ano.
Yo.- En la cama, te voy a romper este culo a pollazos ¿Entiendes zorrita?
Pilar.- Sí mi amo, fuerte, muy fuerte amo.
Le pellizque los pezones, pero al estar enjabonados escapaban entre mis dedos. Me encanta Pilar, su cuerpo y su sumisión hacia mis requerimientos.
Yo.- ¡Qué rebuena que estás zorra!
Pilar.- Gracias, amo (entre jadeos)
Yo.- Aclárame abundantemente y vamos para la habitación.
Salimos del baño ya secos; yo delante, Pilar detrás de mí, gateando. En la habitación me senté en la orilla de la cama.
Yo.- Gatita, lámeme los pies.
Pilar.- Gracias, amo.
Me lamió ambos pies durante 5 minutos. La cogí del pelo y la alcé. Le pedí sus manos y las situó delante de mí. Até un buen trozo de cuerda a cada muñeca.
Yo.- Sobre la cama, boca arriba y con los brazos en cruz.
Pilar no se hizo esperar y me obedeció al instante. Até los extremos de las cuerdas a las patas delanteras; quedando Pilar con los brazos en cruz. Fui al salón a buscar un cenicero y mi tabaco. Cuando volví deje el cenicero sobre su vientre plano. Ella respiraba rápido mientras me miraba a los ojos. Encendí mi cigarro, lo fumé con calma; me recosté junto a ella para oír su respiración ligeramente alterada. Le pasé el cigarro muy cerca de la piel de sus pechos; su respiración se aceleró.
Yo.- Tranquila, no quiero marcarte (Apagué el cigarro en el cenicero) Todavía no quiero marcarte, zorrita.
Aparte el cenicero dejándolo sobre la mesita de noche. Oí un jadeo desde la puerta; Marc se estaba corriendo mientras Isabelle lo pajeaba. Me acerque a la cara de Pilar y pase mi lengua sobre sus labios. Hizo intención de besarme; me retire para que no me alcanzara. Le sujete la cabeza para que no pudiera alzarla; bese sus mejillas carnosas, sus grandes ojos, mordí su barbilla y acabe dándole un chupetón en el cuello. Pilar empezó a gemir. Me separe para verle la cara de excitación.
Yo.- ¡Qué guapa que estás así! Abre la boca.
Cuando la abrió, puse mis labios encima de los suyos y deje que de mi boca saliera un buen goterón de saliva; Pilar lo miraba con grandes ojos. Mi saliva entro en su boca.
Yo.- Saborea mis babas cariño.
Pilar cerro su boca y con su lengua se repartió mi saliva por toda su boca. Cuando acabo, volvió a abrir sus labios. Le sonreí y pase a lamerle los sobacos y la cara interna de los brazos, mientras con la mano ya sobaba uno de sus pechos. Baje mi boca y llegué a sus tetas que mordí con suavidad, después sus pezones pasaron por mi boca. Los jadeos de Pilar ya eran evidentes. Al final, termine con mis labios en su coño. Lamí sus ingles, mordiendo el tendón, sus muslos y al final tenía delante de mi el coñito más bonito que hubiera visto en mucho tiempo.
Yo.- Pilar, hasta que no te lo permita, ni se te ocurra correrte ¿Entendido?
Pilar.- Sí, amo. Así lo haré.
Mire al jugoso chochete que tenía delante de mi. Pase mi lengua por los labios mayores y los abrí. Di un grueso lametazo a toda la vulva de abajo hacía arriba. Pilar emitió un fuerte suspiro. Introduje mi lengua en su vagina e inicie entradas y salidas como si fuera un pequeño pene, deguste sus frescos jugos. Retire mi lengua y metí dos dedos previamente humedecidos. Ensanche un poco su coño y empecé a meter y sacar mis dedos. Los jadeos de Pilar se hicieron más patentes. Moje mi pulgar de la mano libre y con él estimule su clítoris. Las caderas de Pilar empezaron a moverse buscando el mayor placer posible.
Yo.- Ni se te ocurra correrte, ¿oyes?
Pilar.- Sí, amo. Suélteme las manos por favor. Quiero tocarlo, acariciarlo, besarlo.
Yo.- Cállate de una puta vez, perra. A quien le importa lo que tu quieras.
Le di mas rapidez a las penetraciones de mis dedos, parando el pulgar del clítoris. Pilar sudaba abundantemente.
Pilar.- No pare, amo. Déjeme correrme por favor.
No le contesté. Mantuve el ritmo y admiraba el intento de mi putita por no correrse; las contracciones vaginales eran muy intensas, estaba en la última fase antes del orgasmo.
Yo.- Cuando cuente 5, podrás correrte. ¿Has oído?
Pilar.- Sí, amo. Cuando cuente hasta 5.
Yo.- Uno, le mordí un pezón, lamiéndolo después.
Yo.- Dos, le mordí el otro pezón, estaban muy duros.
Pilar.- Más rápido, cuente más rápido.
Yo.- Tres, le metí tres dedos en su boca, estaba medio loca.
Yo.- Cuatro, con los dedos mojados de su boca pellizque sus pezones. Baje esos dedos y acaricie su clítoris.
Yo.- Cinco.
Pilar se corrió entre grandes sonidos roncos, me preocupaban las ataduras. Ella estaba estirando demasiado, podría hacerse daño. Deje de estimular su clítoris cuando dejo de mover sus caderas y saque los dedos de su vagina para desatarla y masajear sus muñecas. Cuando recobró un poco de lucidez, me acaricio la cara. Metí mi polla en su encharcado coño de golpe. Pilar estaba como borracha, pero se entero de mi penetración.
Pilar.- Sí, amo, a tope por favor (sonriéndome)
Empecé a bombearla con lentitud, nos dimos un buen morreo. La excitación de ella volvió a incrementarse, con sus piernas me rodeo la cintura, facilitando que las penetraciones fueran más profundas. Otro gemido a mis espaldas; otra corrida de Marc, esta vez en la boca de Isabelle. Aceleré el ritmo de la follada y de repente se la saque. Le di la vuelta y se la metí por el culo.
Pilar.- Gracias mi amo, te amo.
La azoté en sus preciosas nalgas, más débilmente que si fuera un castigo; pero en mayor número. Su culo estaba enrojecido; sus quejas por los azotes se mezclaban con sus gemidos.
Pilar.- Azóteme todo lo que quiera, amo. Cuanto más me pegue, más le amaré.
Pilar se movía para incrustarse más honda mi polla. Estuvimos un buen rato; pero cuando Pilar volvió a tener síntomas de su próximo orgasmo, le di nuevamente la vuelta.
Pilar se abrió obscenamente de patas y yo le metí mi polla de un solo golpe en su chocho.
Yo.- Cuando tú te corras, yo te llenaré de leche, ese coño pelón que tienes, puta de mierda.
Pilar me abrazo y me volvió a rodear con sus piernas. Las contracciones vaginales eran fortísimas y muy rápidas; me prepare a correrme acelerando las penetraciones. Pilar me clavo las uñas en la espalda. Arqueo toda su espalda y se corrió; yo, también.
Yo.- Toma leche, puta asquerosa.
Mi eyaculación no me permitió seguir insultándola y hasta me maree un poco, de lo intenso que había sido mi placer. Me dejé caer ligeramente sobre ella, que notara mi peso, pero no esclafarla. Nos besamos cuando recobró los sentidos.
Pilar.- Te quiero, amo.
Yo.- Y yo a ti, perrita. Pero solo en los días en que nos veamos, no está permitido más.
Pilar.- Déjeme soñar, amo. Por favor.
Yo.- Sueña pues; te quiero Putita; te amo.
Nos besamos tiernamente. Paso el tiempo entre caricias, besos y arrumacos. Me deje caer al lado.
Yo.- Tengo que ir a mear corazón.
Pilar.- Con tal de que no te alejes de mi, me beberé tu meada. A mi hermana se la diste a beber.
Yo.- Es cierto, a ti no te he saciado la sed. Pero hay mucha cantidad para salir y aquí si se te cae deberemos dormir encima de ella toda la noche. Mejor meo en el baño, si quieres un poco, acompáñame.
Pilar se levanto y fuimos al baño. Subió la tapa del water y sujeto mi polla para que meara.
Pilar.- Guárdeme un poquito, amo mío.
Empecé a orinar. A mitad meada, me contuve y me gire hacia Pilar; ya estaba de rodillas, con las manos a la espalda y con la boca abierta. Metí mi pene en su boca; ella cerro sus labios y me miro a los ojos. Volví a dejar salir mi agüita amarilla poco a poco. Me vacié, mientras ella lo degustaba. Cuando termine de orinar, Pilar me limpio la polla y poco a poco fue levantándose. Nos besamos con lengua, su boca sabía rara; pero, ¿a quién le importa? Estando sudorosos y cansados, nos duchamos deprisa y salimos del baño.
Yo.- Hacemos como los papis güais de las pelis y vemos como están los chicos, antes de irnos a dormir.
Pilar.- ¿Cómo guste mi amo y señor?
Nos acercamos a su habitación y allí estaban los chicos. Isabelle boca arriba y moviendo desesperadamente sus caderas y Marc penetrándola en la posición del misionero. 3 minutos más e Isabelle se corrió escandalosamente.
Yo tenía abrazada a Pilar desde su espalda, amasando sus tetas con ambas manos.
Yo.- ¿Hemos hecho un buen trabajo con la parejita?
Pilar.- Claro que sí. Estos no sabían ni moverse. Te has lucido enseñándolos.
Yo.- Los hemos enseñado entre las hermanas putitas y yo; vosotras también habéis sido muy importantes en su aprendizaje (la bese) Vámonos a la cama.
Yo.- Pilar, te agradezco tu buena voluntad para que este juego saliera bien y hacerme pasar unos de mis mejores días.
Pilar.- Yo quiero que siga esto, el sábado de la próxima semana. Pero con independencia de eso, te diré que estos dos días los he disfrutado a tope. Me has hecho sentir mujer y mujer querida. Envidio a tu compañera. Una cosa te quería pedir. Que no dejes que mi hermana se enamore de ti. Yo soy mayor que ella, con más experiencia y me supone un gran esfuerzo no colgarme de ti. Disfruta de ella y con ella, pero no te la quedes para ti. Por favor.
Yo.- Sabes que no deseo enamorar a nadie. Lo he dicho cada día y a Ana se lo mande en los emails; ahora bien, si noto que ella muestra signos de dependencia hacia mi persona, haré que se desengañe.
La charla duró horas, demostrándome Pilar que era una mujer inteligente y bien formada intelectualmente, pero nos pudo el cansancio y nos dormimos. Eran las 2,30 de la madrugada.
Me desperté antes de que vinieran los chicos a despertarnos; tenía abrazada a Pilar desde su espalda. Me encanta ver dormir a mis parejas, creo que mientras duermen, muestran sus autenticas caras. Me levante con cuidado para no despertarla y fui al baño a hacerme un enjuague bucal con colutorio y lavar mi dentadura postiza. Quería despertar a Pilar agradablemente y no ayuda nada, tener un olor desagradable en la boca.
Volví a meterme en la cama y me acople a la espalda de Pilar. El calorcito de mi putita, hizo que mi polla adquiriera un tamaño adecuado para guerrear; se la restregué por sus nalgas y la encare entre ellas. No sabía donde iba a entrar, culo o coño, pero que más da. Solo buscaba el calorcito de mi niña.
Algo iba abriendo en Pilar, estrechito en su inicio. Culo pues. Lo hice muy despacio; quería, que cuando se despertase, ya la tuviera toda dentro. Poco a poco la iba metiendo, Pilar se movió y entro de golpe. Se despertó mi chica.
Pilar.- ¿Qué haces?
Yo.- Que no podía esperar a metértela otra vez.
Pilar giro su cabeza para besarme y saco un poco su culo para que entrara más adentro.
Pilar.- Te adoro amo.
Aparté la melena de su cuello y lo besé, lo lamí y lo mordí suavemente. Las penetraciones en el ano de Pilar eran suaves, tranquilas y sin ganas de llegar a ninguna cosa; simplemente era un buenos días a mi niña.
La pareja ya se había levantado, se oían ruidos por la casa y alguien se fue a la calle. Imagino que a por la bollería para el desayuno. Nosotros a lo nuestro, sin incrementar el ritmo, sin prisas, sin objetivos; muy despacio, con mucho cariño.
Pilar.- Solo he estado dos días contigo y creo que ya me he acostumbrado a ti; no me imagino como me despertare mañana sola. Sin tenerte abrazado o que me abraces como ahora. Le voy a tener que estar agradecida a mi hermana mucho tiempo; por que gracias a ella, te conocí a ti.
Le di un beso en el cuello.
Yo.- Venga putita, ronronea para mí.
Pilar imitó el sonido de las gatitas, cuando están contentas; al mismo tiempo, se apego más a mí si era posible, moviendo toda la espalda y sonriendo de gusto. Volví a besarla.
Isabelle encendió la luz de la habitación para despertarnos, al vernos ya enganchados, sonrió.
Isabelle.- Buenos días amo: buenos días Pilar.
Le devolvimos los saludos, sin movernos siquiera.
Isabelle.- ¿Puedo participar?
Yo.- No, ahora no. Ve a sacarle una leche a tu marido, para que después aguante más.
Isabelle.- Ya lo he hecho, amo.
Yo.- Isabelle, sube la persiana para que entre la luz del día. Gracias putita.
Isabelle salió de la habitación, dejándonos otra vez solos. Yo seguía penetrando muy tranquilamente su culo, acariciando sus suaves pechos. Pero teníamos que dejarlo, debíamos levantarnos, había que cumplir mi promesa de los tríos; ahora me arrepentí de haberla hecho, yo quería quedarme dentro de Pilar más rato, toda la mañana, el resto de mi vida. Pero .....
Yo.- Pilar, debemos levantarnos, zorrita.
Pilar.- Dame otro orgasmo, aquí, solos.
Yo.- Si me canso aquí contigo, no podremos llevar a cabo ni tu fantasía del trío, ni yo cumpliré mi palabra de hacer los tríos con las putitas. ¿Comprendes?
Pilar.- Sigue un poco más, solo un poco más, amo.
Me sorprendí al comprobar que la respiración de Pilar había aumentado de ritmo y su pulso también. Era como si se aproximara a un orgasmo, pero faltaban otros signos.
Pilar.- Cariño, te quiero. Cuando quieras follarme solo tienes que llamarme, iré a donde estés. Amo, amo ...........
Y parece que se corrió, pero muy suave, muy tranquilo. Nunca había visto nada así. Seguí penetrándola muy despacio, sobando sus tetas y besándola en el cuello.
Pilar.- Gracias, amo. No sé que has hecho, pero ha sido delicioso.
Yo.- Yo no he hecho nada; lo que ocurre es que mi putita es muy caliente (la bese)
Poco a poco le saque mi polla de su culo y me separé de ella. Pilar se giró y me cogió la polla.
Pilar.- Déjame que te la limpie y de paso le dé las gracias, por lo buena que es conmigo.
Yo.- Es toda tuya amor.
Le dio una suaves mamadas, la limpió con delicadeza.
Yo.- Venga Pilar, es tarde cariño.
Salimos al salón, después de asearnos y limpiarnos en el baño. La parejita nos esperaba sonriendo; sin decir nada se arrodillaron ante mi y cada uno le dio unas mamadas a mi polla.
Yo.- Isabelle, ¿se portó bien anoche tu marido?
Isabelle.- Como un machote, amo. Dos veces hizo que me corriera.
Yo.- Bien Marc, muy bien (Dándole unas suaves palmadas en su hombro) Y tú, ¿cuantas leches te saco la putita esta?
Marc.- Viéndoles a ustedes 2 veces, en la cama otras 2 y esta mañana 1.
Bien, parece que por fin, vais a ser una pareja de jóvenes como dios manda.
Yo.- Pronto dejareis de darle importancia al número de veces y os centrareis en la calidad. Vamos a desayunar.
Isabelle.- Nos hemos pasado una noche de fábula.
Yo.- Ya se os nota en la cara. Los tres tenéis unas caras felices y llenas de vitalidad. Estáis en la edad de hacer todo eso. Pero yo, al mirarme la cara en el baño, la tengo demacrada. Y el resto del cuerpo como si me hubiesen dado una paliza.
Pilar.- Te daremos mimitos para que te recuperes.
Yo.- No es cuestión de mimitos, es cuestión de edad.
Marc.- Pues ya me gustaría llegar a su edad y follar como folla.
Yo.- Marc, tu debes ser mejor que yo; y te explico por que. Tu has tenido la suerte de que alguien con experiencia te ha mostrado y demostrado, como hacer disfrutar a una mujer. Yo no tuve esa suerte y han tenido que pasar muchos años, muchas mujeres, equivocarme otro montón de veces y al final he conseguido lo que quería. Que las mujeres con las que mantengo relaciones, disfruten como locas. Y una cosa que no quiero que se me olvide. Cuando me vaya de aquí, te dejo que sodomices a tu mujer cuando os plazca.
Isabelle.- Gracias, amo. Usted siempre será mi amo y cuando quiera mi culo o cualquier otra parte de ésta, su perra, solo tiene que cogerla.
Pilar.- Bien hablado, yo también hago ese “juramento” sabe que me tiene a su disposición, amo.
Marc.- Yo no sé que decir, pues no le gustan los hombres; pero en cualquier otra cosa, no dude en pedírnoslo, amo.
Yo.- Vaya tres putitas que dejó en Valencia. Pues ya que estáis tan solícitos a demostrarme vuestra sumisión os quiero pedir una cosa. Cuando doy mi palabra suelo cumplirla siempre; pero hoy estoy realmente cansado y quisiera pediros que me disculpéis y no hagamos los tríos. ¿Qué me decís?
Pilar.- Mi amo y señor, no se preocupe por eso, que ha cumplido de sobra durante estos días con nosotros.
Isabelle.- Por supuesto amo, si no le apetece o no se encuentra bien no hay problema.
Yo.- Gracias chicas, sois muy amable con este viejito (rieron todos; yo solo, sonreí) Pero vosotros podéis enrollaros entre vosotros.
Pilar.- Marc, no te molestes; pero a mi solo me apetece estar junto a mi amo en las últimas horas de esta reunión.
Isabelle.- Cuando os valláis yo me quedare con Marc, y lo tengo todo el tiempo que quiera. Así que, también me gustaría estar junto a mi amo hasta que se vaya.
Marc.- Lo entiendo perfectamente. Poneros en el sofá si os apetece y yo os serviré cualquier cosa que necesitéis.
Yo.- Gracias a todos, sois muy buenas perritas.
Me senté en el sofá, no tenía ganas de nada y teniendo en cuenta que tenía a mi lado a dos jovencitas de rechupete, esto era grave. Empecé a sudar abundantemente, pero no tenía calor, más bien frío; estaba como mareado y de improviso una fuerte opresión en el pecho me hizo ladearme. No podía respirar correctamente; las caras de los chicos demostraban el miedo que yo también sentía.
Las chicas me preguntaban cerca de mi cara, asustadas, angustiadas.
Ya no me dolía nada, tenía sueño.
Me dormí o me morí; no sé. Pero a gusto.
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